En un hecho que constituye un síntoma más de la regresión del género humano a la barbarie, un oficial del ejército ruso vendió a uno de sus soldados como esclavo para trabajar en construcciones en la ciudad siberiana de Chita.
El recluta Andrei Ruendko, de 22 años, fue vendido por US$ 2500 para trabajar bajo condiciones inhumanas, hasta que finalmente fue arrollado por un automóvil, a raíz de lo cual sufrió hemorragia cerebral, perdió la vista de un ojo y le tuvieron que amputar la pierna derecha.
El tribunal militar que juzgó el caso impuso al oficial Nazim Nazarov una ínfima pena de 3 años, tras lo cual el acusado dijo no sentir ningún tipo de arrepentimiento.
El tema ha encendido el debate sobre el tema de los maltratos y abusos en el ejército ruso, que sigue bajo los padrones de la autocracia estalinista, autocracia que, por cierto, es adoptada cada vez más por el propio gobierno de Vladimir Putin.




