Chenonceaux Maravilla de la Civilización Cristiana Imagínate un instante, inmerso en un mundo de sueños en que te es posible volar como un pájaro. Allá desde lo alto, en una situación privilegiada para contemplar el paisaje, se despliegan algunos panoramas maravillosos... Sobre un río de zafiro se levanta, blanca como la nieve, graciosa como un cisne, un castillo de cuento de hadas. Las aguas reflejan su belleza y le confieren una inconfundible nota de poesía. La originalidad de esta fastuosa construcción, estable sobre la superficie movil; la elegancia de la fachada; la sencilla altanería de las torres; el encanto de los bosques silvestres y de sus jardines diseñados, con aquel pasto verde esmeralda y flores multicolores; en fin, la visión de conjunto es un sueño deslumbrante.¿Sueño? ¡No! Realidad celestial nacida del genio frances, en un época en que el arte aún estaba impregnado de la elevación de alma y de la armonía de espíritu que eran propias de la Civilización Cristiana. Cuando el castillo de Chenonceaux fue construído, en el siglo XVI, el sol de la Edad Media ya se había puesto. Pero sus rayos continuaron iluminando, aún por algún tiempo los rumbos de la cultura, del arte y la organización socio-política de los pueblos cristianos, así el astro rey lanza su luz dorada sobre el río Cher, transfigurando sus aguas.Bañado en esta atmósfera legendaria, podemos imaginar lo que sería la vida de este castillo, en sus tiempos de gloria; a la noche, con todas las antorchas encendidas reflejándose sobre el río, y al son de músicas que saliendo por las ventanas abiertas se pierden entre los jardines y los bosques. Centelante bajo la resplandeciente luz del sol, Chenonceaux despertará quizá, en muchos corazones, por la belleza de su esplendor, el deseo ardiente de una nueva aurora aun más espléndida de Civilización Cristiana.
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Sobre un río de zafiro se levanta, blanca como la nieve, graciosa como un cisne, un castillo de cuento de hadas. Las aguas reflejan su belleza y le confieren una inconfundible nota de poesía. La originalidad de esta fastuosa construcción, estable sobre la superficie movil; la elegancia de la fachada; la sencilla altanería de las torres; el encanto de los bosques silvestres y de sus jardines diseñados, con aquel pasto verde esmeralda y flores multicolores; en fin, la visión de conjunto es un sueño deslumbrante.
Cuando el castillo de Chenonceaux fue construído, en el siglo XVI, el sol de la Edad Media ya se había puesto. Pero sus rayos continuaron iluminando, aún por algún tiempo los rumbos de la cultura, del arte y la organización socio-política de los pueblos cristianos, así el astro rey lanza su luz dorada sobre el río Cher, transfigurando sus aguas.
