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El Profesor Pafuncio también leyó:
"El Código DA VINCI"

Don Pafuncio Guevara y el Código Da Vinci

En un salón de la universidad, encontramos al Prof. Pafuncio Guevara, doctorado en Materialismo y Revolución Social por la Universidad Patricio Lumumba, de Moscú, que ha acabado temprano su clase. Está rodeado de varios chicos de primer año que llevan con él uno de los cursos de cultura general que él enseña. Agita en sus manos una novela: "El Código Da Vinci" (una copia pirata, obviamente, pues él no concibe dar su dinero a las librerías capitalistas), y con gran entusiasmo les dice:

- Miren aquí, muchachos, Leonardo Da Vinci no pintó la copa de Jesús en "La Última Cena”... ¡porque él sabía el secreto!

- ¿Cuál secreto, pro’sor? -preguntaba Junior, mientras trataba esforzadamente de distinguir si había tal copa en medio de tantas viandas.

Desde el fondo del salón se acerca Pepe, católico militante y eterno opositor de don Pafuncio. Éste lo viene soportando tan sólo para que no le acusen de estar contra la libertad de expresión de los alumnos, que el profesor tanto defiende en las marchas de protesta y tomas de local.

Continúa  el docente: - Miren, jóvenes, les explico el secreto: La Iglesia Católica llama "Santo Grial" a la copa usada en la famosa “Última Cena”. Pero en realidad “Santo Grial” es un camuflaje de la frase "Sang Real", ¡la sangre del rey! Los seguidores de Jesús lo consideraban el Rey de los Judíos, y su sangre significa su descendencia. ¡O sea, su hijo, que estaba siendo gestado en el vientre de su esposa!

- Pero, profesor... Jesús no tenía esposa. Y menos hijos - dice el popular gordito Carlos.

- Ay, ¡y tú te crees las mentiras de la Iglesia! Miren el cuadro. Dicen que esta persona de aquí, junto a Jesús, es el apóstol Juan.  ¿Pero acaso no se nota la cara de mujercita que tiene? ¡En realidad, es María Magdalena, su esposa! Por eso Leonardo no pintó el supuesto “Santo Grial”, ya que la verdadera “Sangre Real” está dentro de ella.

Haciendo una pausa, como para que los chicos asimilen, prosigue:

- Cuando Jesús murió, ella quedó liderando todo; no fue Pedro, como cuentan. Y ahí no queda la cosa: a través de aquellos esposos, los cristianos veneraban lo sagrado femenino; y no a un Dios-macho chauvinista, como enseñan ahora.
Varios ya estaban mareados con tantas novedades.

- ¡Qué mentirosos! –dice Junior– ¡Y ese cura de mi barrio, con su cara de santurrón! ¡Nunca más me va a engañar!

- Ya entiendes, Junior. Te han manipulado. Ahora tú tienes que hacer que tus vecinos tomen conciencia de cómo les están dominando las mentes. Y los bolsillos.

Pepe ve el momento propicio para meter su cuchara: -Pero, doctor, es imposible que en ese cuadro esté María Magdalena, porque faltaría un apóstol. Mire: uno, dos, tres ... doce. Más Jesús, trece.

- Ay, tú siempre tan fanático. Seguro que Leonardo los pintó cuando alguno salió  a tomar aire, pues...

Algunos de los chicos reprimen la risa ante el infantil escape del profesor. Por su parte, Junior “razona”: “Si el profe dice que este tal Pepe es un fanático, no debo hacerle caso. Debe ser cómplice de los curas”. Pepe prosigue:

- Doctor, el aspecto poco varonil del personaje se debe al defecto de algunos artistas de confundir santidad con blandura. Eso comenzó en el Renacimiento y fue empeorando hasta hoy. También hay que tener en cuenta que era el más joven y por eso muchos lo pintan sin barba. Pero eso es secundario; lo más  importante es que Jesucristo fue soltero toda su vida; no tuvo hijos. Además, ¿de dónde sacarán ese cuento de que los cristianos adoraban lo "sagrado femenino", doctor?

- Pepe, no te cierres. Aquí, al inicio, el autor dice que todos sus datos son fidedignos. ¡Mira!

- Señor, Dan Brown no es historiador; es un novelista, y como tal escribe lo que le agrada. Además, está parcializado. Leyendo sus declaraciones a la prensa, se ve que su objetivo es mostrar a la Iglesia como una mafia.

- ¿Pero no has visto que pone bibliografía? Eso muestra que no es un simple novelista.

- Sí, profesor, pero fíjese: en vez de basarse en fuentes históricas sólidas, usa libros esotéricos, de esos que están llenos de cosas extrañas. Perdóneme, doctor, pero esas no son fuentes serias.

- Mmmm... no me había dado cuenta. Pero igual, ¡la Iglesia es una mafia al servicio del imperialismo, y hay que denunciarlo!

- Profesor -interrumpe Carla, futura abogada-, yo creo que las denuncias se deben hacer con base real, no con ficciones.

- Ay, alumna, ¡cómo te dejas influenciar!... Oigan esta revelación, para que vean cómo la Iglesia miente: ¿Sabían que esa religión se creó por el afán de dominación del Emperador Constantino? Miren, él quería ser venerado como un reflejo de Dios en la Tierra, para así poder someter mejor al pueblo. Para eso hizo que los obispos cristianos cambiaran su fe en el Concilio de Nicea, el año 325. Inventaron que Jesús fue Dios encarnado y prohibieron  la veneración a lo sagrado femenino, iniciando así una concepción machista, herencia de la antigua veneración pagana al sol.  Viendo que sus obispos definían así las cosas, los fieles siguieron como borregos.

- ¿En serio? - exclamó Junior, como borrego.

- ¡Claro! Para eso tuvieron que perseguir ferozmente a los que mantenían el culto femenino. Hubo que confiscar y quemar unos 80 evangelios que circulaban y sólo quedaron los cuatro que conocemos.

Hasta este momento Telmo asistía silencioso. Él es un chico respetado por haber ingresado a la universidad en primer puesto. Oyendo tantas cosas que no encajan con sus esquemas, se decidió a intervenir:

- Doctor, si me permite, quisiera observar algo. En primer lugar, eso de que hubo otros evangelios prohibidos no es una aserción científica; es algo tomado de publicaciones esotéricas, de esas que dicen que Machu Picchu fue construida por venusianos y cosas así. Además, sobre el Concilio de Nicea, hay algo en ese libro que no calza con la Historia, vea Ud.: por lo menos hasta el 311 duró la sanguinaria persecución de los cristianos que promovió Diocleciano. O sea que en el 325 quedaban muchos veteranos que habían sufrido castigos o peligro de muerte, y que aún así habían estado dispuestos a todo con tal de mantenerse fieles a su fe. Lo único que tenían que hacer para estar libres de peligro durante la persecución era realizar cultos paganos; pero ellos se negaban a hacerlo porque su conciencia no les permitía adorar dioses falsos. Y el Cristianismo aumentó en vez de extinguirse, porque muchos se bautizaban en secreto, impresionados por el ejemplo heroico de los mártires. Imagínese, doctor, si gente con esa valentía iba a aceptar que otro Emperador les cambie la fe, poco tiempo después. La explicación del Concilio de Nicea es simple: se estaban difundiendo doctrinas raras disfrazadas de cristianas, y los obispos se reunieron para que queden bien claras las ideas, en forma definida. El pueblo creyó en las definiciones dogmáticas del Concilio porque eran congruentes con sus convicciones previas. P.ej., la divinidad de Jesús está en el Evangelio de San Juan, al comienzo.

- Ayayay, Telmo, el imperialismo ha puesto sus garras en tu mente y te ha alienado –dice el catedrático, poniendo su mejor cara de compasión–, pero todavía tengo esperanzas de hacerte superar ese estadio de pensamiento mágico-religioso que te mantiene en la oscuridad.

Pepe se da cuenta de que ya van a dar las 11 y tiene que continuar clases, así que se apura a decir:

- Doctor, una cosita: en ese libro hay tantas mentiras sobre el Cristianismo que no se pueden analizar en una sola conversación. Le recomiendo que compre el libro "The Da Vinci Hoax", del escritor Carl Olson y la historiadora Sandra Miesel. Desbarata cada uno de los errores y muestra que el autor Dan Brown se basa en creencias religiosas gnósticas.

- ¿Para qué leer eso? Es pérdida de tiempo; yo ya tengo formada mi opinión ¡Y seguro que a esos les ha pagado la mafia vaticana!

De repente suena la alarma de un reloj, seguida de dos más. Profesor y alumnos se percatan de que van a llegar atrasados a sus respectivas clases. Mientras Telmo toma nota rápidamente del libro que Pepe mencionó, para investigar en Internet, Don Pafuncio se despide:

- ¡Chau, chicos! ¡Cómprense su novela! Este libro les va a enseñar como el Cristianismo es un plagio de las religiones paganas, detalle por detalle. Aunque no estén de acuerdo, es bueno que lean también opiniones diversas a las de ustedes...

Junior sale más confundido que al comienzo, mientras los demás, más acostumbrados a pensar por sí mismos, han notado que el profesor no contestó los contra-argumentos. Es más, trató de hacer quedar mal la posición contraria a priori, para que los alumnos se bloqueen ante opiniones distintas a las de él. El haberse percatado de esto les ayudará a analizar mejor las cosas y a no seguir “como borregos” todo lo que dicen algunos dogmáticos del ateísmo.





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