El filme "La Pasión de Cristo" Una renovada “Piedra de Escándalo” Michelle Taylor *
Aparecieron entonces los primeros reportajes. Aquí y allá, figuras públicas hablaron. La mayoría de los comentarios traían una nota de sobresalto. Una reportera escribió: “La película lo atrapa a uno en los primeros cinco segundos, y ya no lo suelta más”. Una vez que La Pasión de Cristo comenzó a ser proyectada, amigos, conocidos o hasta personas perfectamente extrañas entre sí se preguntaban uno al otro: ¿Has visto la película? Yo la vi el primer sábado después del Miércoles de Ceniza. Ya entonces la gente comentaba: “Lloré como un bebé”, “Sentí que muchas veces en mi vida me he portado como Judas”, “¡Es fuerte!”, “Aquí nadie se levanta para su popcorn”, “Después, todo lo que uno oye son sollozos y suspiros, y la gente se queda quieta”. Al quinto día la película había superado la venta de entradas de El Retorno del Rey. Ahora, cuando los expertos proyectan ganancias totales rondando mil millones de dólares, hay rumores de que Hollywood encara la producción de filmes religiosos. De hecho, La Pasión de Cristo es el resultado de un largo proceso espiritual, gestado en el corazón arrepentido de Mel Gibson. En sus propias palabras al Reader’s Digest, “yo he sido un monstruo, esta certeza nunca, nunca podré negarla. Yo debería estar muerto. Baste decir, he sido un sinvergüenza”[1]. Él era también uno de los hombres más inmensamente populares de Hollywood, cuyos filmes no eran precisamente menú familiar. Sin embargo, con el correr de los años sus películas se fueron volviendo más serias, idealistas, persuasivas y limpias. Recuerdo haber pensado alguna vez que si él canalizaba sus talentos y pasión hacia Dios, resultaría algo espectacular. Un buen día, toda la fama, el brillo y la popularidad comenzaron a parecerle deleznables. Y una vez más, declaró al Reader’s Digest, “comencé a ponerme estas preguntas a lo Hamlet: ¿qué hay del otro lado? ¿por qué estoy aquí?... Yo estaba espiritualmente quebrado, y cuando eso ocurre es como si a uno lo afligiera un cáncer espiritual. Lo comienza a corroer y si uno no hace algo, acaba devorándolo por completo”[2]. Siendo el actor/productor que él es, concibió la idea de un filme acerca del Hombre que estaba en el centro de su transformación, Nuestro Señor Jesucristo. Después de doce años de investigaciones y consultas con miles de conocedores de asuntos bíblicos, el resultado fue La Pasión de Cristo. Al salir del cine, yo estaba profundamente conmovida. El filme dejó fuertes impresiones en mi alma. Ahora discernía aspectos de la Pasión que había deseado comprender durante años. De todas mis impresiones, la más fuerte era el amor. El filme logra retratar a un hombre que fue mucho más que tan sólo un hombre. Éste fue un Hombre con una capacidad de perdonar y amar que va mucho más allá de nuestra limitada y deformada idea de amor. Estaba también María, y por primera vez entendí cómo Ella fue capaz de presenciar y compartir el tormento de su Hijo a los pies de esa Cruz. Ella nos amó como Él lo hizo. Según fue noticiado, un profundo sentimiento de contrición penetró enincontables espectadores. Una reportera de TV de Dallas narró cómo ella “se pasó toda la película pidiendo perdón”. Un jovencito de 14 años, habiendo ido a confesarse después de la película, le dijo a su padre: “Papá, he hecho la mejor confesión de mi vida”. ¡Después de ver la cinta, un joven tejano se presentó a declarar un crimen horrendo que había cometido con su enamorada! Otros comentaban: “Sí, esta película es brutal peroasí fue la muerte de Nuestro Señor y también así son nuestros pecados...” “No, no es antisemita. Pero sí, sí es completamente impactante. No hay «ganadores», nadie aparece como «bueno» excepto Jesús... Los judíos, los Romanos, los amigos de Jesús, todos caen. Todos, excepto la Figura Principal...”. “Y cuando Yo sea levantado en alto de la tierra, todo lo atraeré a Mí” (Juan 12,32). Una vez más, esta divina profecía probó su veracidad. Aunque Satanás nos haya “zarandeado como el trigo” (cfr. Luc. 22, 31), a pesar de la seducción organizada, del asalto del mal contra nuestras familias y contra nuestros hijos desde todos los cuadrantes, fue probado que cuando el Cordero de Dios, el Príncipe de la Paz, el León de Judá entra en la Historia, Él lleva a todos los hombres hacia Sí, es decir, a todos los que aún conservan el corazón abierto a Él. Nada, ni Hollywood, ni los medios de comunicación, ni luces, tecnología, maravillas cinematográficas, brillo publicitario, o atractivos mundanos pueden desafiar su divino encanto. Él deja a todos por el suelo. El escándalo de la Cruz continúa. Quiera Dios concedernos la plena correspondencia a esta gracia que ha sido dada el mundo en esta hora. (*) Tomado de Crusade, órgano de la Sociedad Norteamericana de Defensa de la Tradición, Familia y Propiedad – TFP, Mayo-junio 2004.
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La controversia fue sobre la persona de Nuestro Señor Jesucristo. Los medios de prensa acosaban, los entrevistadores intentaban la vieja ytrillada acusación de antisemitismo, Hollywood hervía, y el pueblo norteamericano aguardaba. 
