“¡VIVA CRISTO REY!” Luis Segura, muerto en defensa de su Patria y de la Iglesia La resistencia de los “Cristeros” es una de las páginas más brillantes de la historia de México en el Siglo XX, completamente desconocida para muchos. Allá en 1917, meses antes de la Revolución bolchevique en Rusia, fue impuesta en México la llamada Constitución de Querétaro, de esencia comunista. Como fruto de ella, entre otras cosas, se rompió relaciones con la Santa Sede (situación ésta que duró hasta el reciente cambio de siglo). Los gobiernos anticristianos y las bandas de agitadores atormentaron a la noble nación mexicana. En 1926, bajo la opresión de Plutarco Calles, la presión contra la Iglesia era insostenible, llegando incluso las autoridades a querer tomar posesión de los templos. En esa coyuntura, la Liga Nacional de Defensa de la Libertad Religiosa, con el apoyo de algunos obispos, propagó la convicción de luchar para defender la Fe oprimida y acabar con esa tiranía. Así surgió un movimiento armado, a quienes las tropas federales llamaron con desprecio “los cristeros”... Por aquí y allá, en todas partes de México, patriotas devotos de la Virgen de Guadalupe se levantaron. Grupos católicos, familias... hasta las mujeres componían las Brigadas Juana de Arco, encargadas de ayudar en logística y comunicaciones. Al joven ingeniero Luis Segura Vilches, que aparece en la foto, le hubiese sido fácil emplear sus muchas cualidades en provecho propio, con un estilo de vida confortable, limitándose al ejercicio de su carrera y a divertirse con sus amigos. Pero su conciencia se rehusaba a ser indiferente ante la tiranía marxista que oprimía a la Iglesia y a su pueblo. Dotado de liderazgo, organizó las primeras acciones de resistencia armada en la Capital. Después de haber prestado una notable ayuda a la expansión del movimiento, fue apresado bajo la acusación de haber atentado contra la vida de Obregón, el anterior tirano. No tuvo proceso judicial. De un momento a otro, lo sacaron de la celda para ser fusilado. Él respondió de inmediato que lo estaban mandando al Cielo.
Con certeza repitió el grito que los cristeros daban antes de ser ejecutados: “¡Viva Cristo Rey! ¡Viva la Virgen de Guadalupe!”, con el cual proclamaban que, por más poderosos que fuesen los tiranos de esta tierra, el verdadero Rey y vencedor es Jesús; del cual Luis Segura pasó a gozar por toda la eternidad, en premio a su entrega a Aquél que dijo: “A los que me confiesen en la Tierra, yo los confesaré ante mi Padre Celestial”.
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En la fotografía, lo vemos caminando hacia el patíbulo, acompañado de un sombrío funcionario del régimen. Está sereno, como si atravesase una iglesia después de recibir la Sagrada Comunión. Puro, varonil, noblemente señor de sí mismo, bien vestido, distinguido y visiblemente dotado de buena educación, este héroe puede bien ser considerado un modelo de joven católico: serio, generoso, pleno de fe y coraje. Caminando rumbo a su encuentro con el Dios por el cual luchó, vio morir antes que el al P. Miguel Pro (ahora declarado beato). A pesar de saber que él era la próxima víctima, se mantuvo digno y sereno. Él ya sabía sufrir por una nobilísima causa y estaba preparado para el martirio. Hasta los soldados y el capitán se conmovieron al verlo. “Señores: estoy listo”, dijo mirando al Cielo.
