Preguntas y respuestas sobre el ABORTO Desmintiendo las falacias abortistas Para difundir con éxito sus propuestas, los partidarios del aborto buscan por todos los medios encubrir que se trata, lisa y llanamente, de la matanza de seres humanos inocentes e indefensos. Para ello utilizan hábilmente un lenguaje emocional que tiende a despertar lástima o hasta simpatía por la mujer que practica el aborto. Así, por ejemplo, se refieren al asesinato de un niño no nacido en el seno de su propia madre simplemente como a la "interrupción de un embarazo no deseado". O también, hablan contradictoriamente de "aborto terapéutico", como si el embarazo fuese una enfermedad, ocultando que el aborto conduce a la muerte y no a la cura del nuevo ser en gestación. A toda costa, los abortistas desean evitar ser señalados como auténticos homicidas. Son elocuentes y verborrágicos al presentarse como defensores de los "derechos de la mujer", pero pretenden que olvidemos que está en juego la vida de un ser humano. (1) Así describió Julián Marías esta realidad: Al mismo tiempo, haciendo una maquiavélica combinación de omisiones, sloganes y epítetos, los abortistas pretenden despertar las más injustas antipatías contra los defensores del niño por nacer. Es lo que persiguen cuando afirman que los partidarios de la vida están a favor del "embarazo compulsivo" o que buscan imponer "su moral" a toda la sociedad.(3) De ahí que resulte indispensable restablecer la verdad, refutando en este artículo las principales falacias abortistas.
En principio, aunque no de modo absoluto, es verdadero afirmar que la mujer tiene derecho sobre su propio cuerpo. Pero, ¡cuidado!, sobre el de ella y no sobre el de otro individuo, como lo es la criatura que lleva en su seno. Después de la fecundación, en la intimidad del útero materno está desarrollándose un nuevo ser humano que tiene derecho a ser protegido por la ley y, obviamente, por su propia madre. Conviene aclarar, por lo demás, que el derecho sobre el propio cuerpo tiene sus límites. No está permitido, por ejemplo, conducir un automóvil en estado de ebriedad o venderse como esclavo. ¿Por qué? "Porque ser dueños del propio cuerpo no justifica cualquier acción" (4) Baste recordar lo que dice San Pablo sobre el derecho mutuo que existe entre los esposos: Admitir el derecho a destruir un hijo sólo porque se convirtió en “no deseado”, equivaldría a legalizar el asesinato para solucionar todas las situaciones indeseadas en la sociedad. Tómese en consideración que, cuando se establece la ilegalidad del aborto, tan sólo se busca evitar que una mujer mate a su hijo mientras éste se está desarrollando en su seno. Si ni siquiera el violador es condenado a muerte a causa de su crimen nefando, ¿será condenado a la pena capital el nonato inocente? Las estadísticas realizadas en los últimos años por el Centro de Ayuda a la Mujer en Méjico demuestran que sólo en el 2,2 % de los casos figuró la violación como una de las razones para recurrir al aborto. (8) Las madres adolescentes que ni siquiera cuenten con el apoyo o la colaboración de su familia, pueden entregar sus hijos a padres adoptivos dedicados. Los hechos demuestran que es mayor el número de matrimonios deseosos de adoptar que el de niños de madres adolescentes, lo que facilitaría encontrar una solución al problema. En los EE.UU. más de dos millones de pedidos de adopción quedan cada año sin atender. Esta cifra debe ser duplicada o triplicada porque estas parejas adoptarían dos o tres niños si se los otorgaran. Y, de acuerdo al Comité Nacional de Adopción, hasta hace algunos años atrás, solo sesenta y cinco mil criaturas se encontraban anualmente disponibles para ser adoptadas. (9) Por lo tanto, es evidente que los niños nacidos de madres adolescentes tendrían grandes posibilidades de ser bien cuidados y educados. Algunos líderes de movimientos abortistas critican el sistema de adopción, afirmando que el mismo desconoce los derechos de la madre sobre sus hijos biológicos. Aquí debemos aclarar que todo derecho sobre un ser humano implica necesariamente reciprocidad: el niño también tiene derecho a ser bien atendido por la madre. Y no solamente después del nacimiento, sino a partir de su concepción. ¿Qué valor y credibilidad tienen entonces esas predicciones desastrosas de los abortistas acerca de los hijos de madres adolescentes? Ninguna. En ningún caso una práctica criminal como el aborto debe ser aceptada para solucionar reales o imaginarios problemas de la sociedad contemporánea. Sin tomar en consideración los numerosos datos que demuestran la existencia hoy de una superproducción de alimentos, baste decir que el profesor Donald Bogne "ha probado que teóricamente los agricultores del mundo pueden alimentar una población 40 veces más grande que la actual".(12) En realidad, la verdadera "amenaza que se cierne sobre la tierra no es la superpoblación sino la subpoblación, ya que la fertilidad promedio de las mujeres de la mayoría de las naciones del mundo es inferior a la tasa de reemplazo (2.1 hijos por mujer)." Los abortistas, que sin ningún escrúpulo relegan a los nonatos a la condición de desechos, súbitamente sienten pena y piedad por esas criaturas. Sin embargo, cosa singular, ¡las aman tanto que desean matarlas! Es el mismo y absurdo argumento de que un fin presumiblemente bueno podría justificar un medio intrínsecamente malo. La ilegitimidad del aborto inducido es independiente del grado de infortunio o de cualquier circunstancia dramática que pueda aquejar a la madre o a la criatura. Si por causa de riesgos inherentes a la gestación, los padres tuviesen el derecho de suprimir la vida del feto, entonces el derecho al aborto existiría para todo y cualquier embarazo. Más aún, existiría el derecho de interrumpir la vida después del parto, cuando la criatura nacida estuviera en una situación de grave adversidad o de irreparables malformaciones. Esta actitud es evidentemente absurda porque los individuos minusválidos merecen la misma protección que todos los hombres, antes y después del nacimiento. Por otra parte, el someterse al aborto no librará ni inmunizará a la madre respecto al HIV. Además, el test del SIDA solamente resulta positivo al 30 % de hijos de portadoras de HIV. Esto no significa necesariamente que el virus del SIDA esté presente en él, sino que demuestra la existencia de los anticuerpos contra éste, probablemente de la sangre materna, que desaparecerán un tiempo después del nacimiento. Sometida la madre a un adecuado tratamiento, sólo el 7 % de los niños tendrán probabilidades de contraer esta enfermedad. Puestas así las cosas, no tiene ningún sentido argumentar a favor del aborto aduciendo posibles sufrimientos del niño por nacer, que en muchísimos casos serán evitados gracias al avance de la medicina. Proponer la legalización del aborto para estos casos manifiesta no sólo un desconocimiento científico, sino sobre todo una profunda falta de fe en la Providencia Divina. A propósito de la mal formación del feto como pretexto para la práctica del aborto, es concluyente el testimonio dado por el jurista Celso Bastos, renombrado constitucionalista brasileño, en una entrevista a la revista “Catolicismo”: Sorprende sobremanera la facilidad con la cual, para justificar el aborto, se supone que toda persona gravemente enferma o discapacitada prefiere morir a soportar grandes sufrimientos a lo largo de su vida. Con relación a los padres, para no abundar en las razones ya expuestas, nos limitamos a narrar el ejemplar comportamiento del matrimonio Armas, cuya historia se conoció a través de Internet y que responde cabalmente a esta pregunta. Antes de dejarse abatir, la pareja decidió buscar una solución por sus propios medios y fue así como ambos comenzaron a solicitar ayuda a través de Internet. Así fue como se conectaron con el Dr. Joseph Bruner y su equipo que decidieron intervenir al niño sin sacarlo del útero. La espina bífida puede llevar al daño cerebral, generar diversas parálisis e incluso una incapacidad total. Sin embargo, al ser corregida antes que el bebé nazca, se tienen muchas más opciones de curación. Aunque el riesgo era grande la operación fue un éxito. Un fotógrafo registró la cirugía practicada al feto de 21 semanas de gestación y captó cómo la criatura sacó su pequeñísima mano desde el interior del útero de su madre e intentó sujetar uno de los dedos del médico que lo estaba interviniendo. Después del nacimiento, los padres de Samuel dirigieron una carta a todos los amigos que en el mundo se unieron en oración por el bebé y adoptaron su conmovedora historia como estandarte de la lucha provida.(16) La vida es "un valle de lágrimas" y la peor solución es querer huir de esta realidad, pues pone al descubierto, además de la cobardía, la falta de Fe y de sentido común. Con relación al tema de los abortos clandestinos en el mundo entero se han manipulado cifras y estadísticas impresionantes... pero que de ningún modo son confiables. Así por ejemplo, en Francia se habló hasta el hartazgo de la existencia de 800.000 abortos clandestinos. Sin embargo solo pudieron ser computados 150.000 oficiales y un máximo de 100.000 no legales: un "error" de cálculo del 300 %. (18) En ese sentido, es elocuente el testimonio del Dr. Bernard Nathanson, autor de "El Grito Silencioso", quien en reiteradas ocasiones se refirió a la descarada manipulación de datos, llevada a cabo por grupos de presión abortistas con la complicidad de importantes medios de comunicación, a fin de despertar adhesiones a sus propuestas. Aunque sabían de la existencia de 100.000 abortos ilegales en los EE.UU., reiteradamente dieron a los "media" la cifra de 1.000.000. y a pesar de que tan solo morían entre 200 y 250 mujeres a causa de los abortos ilegales, continuamente se difundía que eran más de 10.000. A fuerza de ser repetidas, estas falsedades terminaron siendo admitidas por muchos norteamericanos convenciéndolos de la necesidad de liberalizar el aborto. Una vez aprobado, éste se transformó en el principal medio para controlar la natalidad en aquel país y el número anual de abortos se ha incrementado en un 1500% -15 veces más. Por otra parte, nunca fue probado que la legalización del aborto haya hecho disminuir el número de abortos clandestinos. Por el contrario, en aquellos países donde lo fue, no sólo aumentó progresivamente la práctica del aborto voluntario, sino que no disminuyó la cantidad de abortos clandestinos. El Dr. Christophe Tieze, partidario del aborto, reconoció que: Obsérvese también el interesante estudio del Dr. Thomas Hilgers, "Induced Abortion: A Documented Report”(2ª ed., Minnesota Citizens Concerní for Life, 1973, cap. 7), en el cual queda demostrado que, después de la legalización del aborto, el índice de abortos clandestinos permaneció inalterable en ocho países europeos. Esto es comprensible puesto que "muchas personas para evitar la publicidad, los papeleos, las certificaciones, la inspección pública, con el riesgo de divulgación que acarrean, se inclinan por la clandestinidad del aborto." (20) Toda mujer embarazada, de cualquier condición, está obligada a dar a luz al hijo que concibió. En ningún caso el aborto puede ser considerado un derecho cuyo ejercicio deba ser garantizado y hasta ofrecido en forma gratuita por el Estado. Lejos de favorecer el crimen, los gobiernos deberían preocuparse de asegurar las condiciones materiales para que los no nacidos vengan al mundo y puedan ser criados en forma digna. Es sorprendente la compasión que despiertan las madres pobres en aquellos que propician la matanza de millones de niños por nacer. Ellos pretenden proteger a las madres pobres sacando provecho con la muerte de sus hijos... Si los no nacidos tienen el mismo derecho a la vida que las madres pobres, ¿en nombre de que principio uno puede ser asesinado para supuestamente proteger al otro? Nadie puede decidir la suerte de la vida de otro basándose en sus propios criterios para determinar el futuro. No somos adivinos del porvenir de nuestros hijos, mucho menos de los hijos de otros. Esa posición revela un espíritu supersticioso y determinista, que impide formular un juicio objetivo sobre situaciones concretas y realidades complejas. Es injusto que un bebé completamente inocente sea condenado a muerte en razón de dificultades socioeconómicas que deberían ser solucionadas por otros medios. Lo que resulta necesario es proteger la vida en vez de utilizar el recurso hipócrita de lavarse las manos para huir de la responsabilidad que nos cabe de encontrar remedio a los problemas de los pobres. Una vez más, ¿por qué no recurrir a la adopción? O ¿por qué no ayudar a las mujeres en esas condiciones a contraer matrimonio y a formar un hogar, a fin de que puedan educar y resolver la situación de los hijos? "¡Por favor, no maten al niño!", exclamó en 1994 la Madre Teresa de Calcuta ante el Presidente de los Estados Unidos Bill Clinton. Y agregó: "Yo quiero al niño. Por favor denme ese niño. Estoy dispuesta a aceptar cualquier niño que podría ser abortado y darlo a una pareja de casados que lo amará y será amada por el niño. Solamente en nuestro hogar de niños en Calcuta hemos salvado más de 3.000 niños del aborto. ¡Estos niños han traído tal amor y alegría a sus padres adoptivos y han crecido tan llenos de amor y júbilo!(...) "Estamos combatiendo el aborto con la adopción, cuidando a la madre y adoptando a su bebé. Hemos salvado miles de vidas. Hemos dicho a clínicas, a hospitales y estaciones de policía: Por favor, no destruyan al niño; lo tomaremos. De manera que siempre tenemos a alguien que le diga a la madre en problemas: Ven, cuidaremos de ti, le daremos un hogar a tu hijo. Y tenemos una tremenda demanda de parejas que no pueden tener hijos (...)"(21) El mal mayor, es necesario insistir, será siempre el aborto, no sólo para el nonato que se eliminará, sino también para la propia mujer que aborta, por causa de las secuelas físicas, psicológicas y morales que llevará consigo. Pretender la eliminación de las conductas criminales legalizándolas, equivaldría a echar por tierra todo el orden jurídico de un país. Así por ejemplo, en la lógica de la pregunta, una vez que no pueden ser erradicados de la sociedad los asaltos a mano armada y los homicidios, éstos deberían ser legalizados en determinadas condiciones... Por lo demás, no le es legítimo al Estado renunciar a su obligación de arbitrar todos los medios necesarios en orden a consignar, sancionar y garantizar adecuadamente el derecho a la vida desde la concepción hasta la muerte natural. En efecto, el derecho a la vida es un derecho fundamental y primario del hombre, sin cuyo reconocimiento no hay libertad, ni posibilidad de ejercer los demás derechos naturales, ni tampoco la amplia gama de potestades que, en consecuencia, le reconoce al individuo la ley positiva. En consecuencia, resulta un deber irrenunciable del Estado la sanción de todo acto que implique la muerte de una persona inocente. En el orden penal, ello implica la represión del homicidio en todas sus formas y, por cierto, la del aborto, dado que se trata de una especie de dicho género delictual. (22) La mentalidad anticonceptiva destruye en su raíz el deseo de tener hijos. Es la razón por la cual, cuando los métodos anticonceptivos fallan, las personas frecuentemente recurren al aborto como "solución" para ese "accidente". Las barreras morales ya estaban abatidas por la cultura anticonceptiva. En la Encíclica "Evangelium Vitae", S. S. Juan Pablo II enseña: La anticoncepción, por lo tanto, lejos de eliminar los abortos, les abre las puertas. En este sentido, es elocuente que Malcolm Potts, ex-director médico de la International Planned Parenthood Federation, entidad que financia movimientos abortistas y de control de la natalidad en todo el mundo, haya declarado en 1973: Tan sólo mentes enfermas pueden imaginar que el trauma resultante de una violación puede solucionarse con un trauma mil veces más grave, como es el asesinato de un niño inocente e indefenso. En el trauma de una violación la víctima no tuvo la culpa y sabe que no la tiene. Ante el trauma eventualmente causado por la "imagen viva" del criminal, la madre también sabe que el hijo es inocente y que eso no es más que una mera asociación de imágenes. Si tal asociación fuera muy dolorosa, ella podría apartarse de su bebé entregándolo a personas o instituciones que deseen adoptarlo. Si decide asumir la crianza de su hijo, se sentirá elevada y dignificada a sus propios ojos, porque sabrá que está practicando un acto noble y meritorio. Tendrá, además, la compensación psicológica que se desprende de la convicción del deber cumplido. Como ya fue dicho varias veces, jamás un crimen puede ser propuesto como una solución para cualquier conflicto, por más complicado que éste fuera. Hay que contemplar, por lo demás, los gravísimos problemas de orden espiritual y psicológico provocados por el aborto en las mujeres y cuánto se agravan los mismos al tratarse de una niña o una adolescente. Abortar a un niño que se lleva en las entrañas, eso sí es "hipotecar el futuro". Darlo a luz con la confianza puesta en Dios, aún en las condiciones difíciles de las que estamos tratando, permitirá llevar con serenidad y tranquilidad de conciencia una existencia digna. El fin no justifica los medios. El homicidio voluntario del bebé por nacer teniendo en vista alcanzar presumiblemente un buen resultado (la salud o vida de la madre) nunca puede justificarse. Del mismo modo, el Dr. Roy S. Hefferman, de la Tufts University, EE.UU., declaró en un congreso del Colegio Norteamericano de Cirujanos: “Quien practica un aborto terapéutico ignora los métodos modernos en los casos de complicaciones de embarazos o simplemente no tiene voluntad de tomarse el tiempo necesario para utilizarlos” (26). Así se expresa el biólogo José Botella Llusia, Catedrático de Obstetricia y Ginecología de la Universidad Complutense de Madrid: La misma Organización Mundial de la Salud reconoció que prácticamente no existen ya enfermedades afectables por el embarazo.(28) La práctica del aborto en tales circunstancias, por lo demás, está expresamente prohibida por la moral católica: Para responder la pregunta es necesario hacer una distinción entre el aborto directo e indirecto. El directo no es lícito, pues por mejor que sea el fin que se pretenda alcanzar -proteger la salud de la madre o curarla-, nunca se puede realizar un acto intrínsecamente malo, como lo es provocar expresamente la muerte del embrión. El segundo es lícito, pues sobreviene como una consecuencia indirecta, no inmediata "de un medicamento o de un acto médico (la extirpación de un cáncer de útero, por ejemplo) para curar una enfermedad de la madre. Aquí resultan dos efectos de una misma acción: uno bueno (salud de la madre), otro malo, (la muerte del feto). De estos dos efectos, uno es el buscado, y otro es el que puede seguirse del anterior, pero de un modo incidental". Tómese en consideración, sin embargo, que no debe existir otro medio de obtener la curación de la madre y que debe haber una razón proporcionalmente grave para intentarlo.(30) Sobran ejemplos para demostrar lo que una buena madre decidiría ante la difícil situación de decidir entre su vida o la del niño. Transcribimos un hermoso y actual testimonio a imitar: Notas (1). Sobre manipulación semántica en las tácticas pro-aborto, cfr. Dra. Hna. M. Elena Lugo, en Segunda Jornada de Bioética – "Cuestiones Bioéticas en torno al inicio de la vida"; Instituto Secular de Schoenstatt Hermanas de María Argentina, 12-10-2000, y otros.
(2). Cfr. Marías Julián, "La cuestión del aborto", en periódico "EL NORTE" , Monterrey, México, 25-11-1999, en "Mitos y Realidades del Aborto", op. cit., Mito Nº 1.
(3). Cfr. Dr. Jack Willke y Bárbara Willke, "Aborto, preguntas y respuestas", op. cit, parte VII: "El impacto social, palabras... palabras... palabras", pp. 235-240.
(4). Cfr. "Mitos y Realidades...", op. cit., Mito Nº 4
(5). Cfr. I Cor. 7, 4.
(6).Cfr. "Mitos y Realidades del Aborto", op. cit., Mito Nº 1.
(7). Cfr. Dr. Jack Willke y Bárbara Willke, "Aborto, preguntas y respuestas", op. cit. p. 145 a 153.
(8). Cfr. "Centro de Ayuda a la Mujer, Informe de Méjico en el seguimiento Beijing +5", cap. La mujer y la Salud, p.1 y Estadísticas Nacionales, Méjico, 1989-1999, en "Mitos y Realidades del Aborto", op. cit., Mito Nº 1.
(9). Cfr Dr. Jack Willke y Bárbara Willke, "Aborto preguntas y respuestas", op. cit., p. 282.
(10). Cfr. Josefina J. Card, "Long-Term Consequences for Children of Teenage Parents", Demography, vol. 18, nº 2, mayo/1981, pp. 137-156.
(11). Cfr. Belaunde Moreyra, José, "Superpoblación versus Despoblación en el Tercer Milenio", Diario "Gestión", Perú, martes 11 de Enero del 2000, p. 23.
(12). Cfr. "Time Magazine", 13-9-1971, en "Acción Familia", "Tópicos Abortistas", Imp. Lit. E.H.Erro, España, 1983.
(13). Cfr. Belaunde Moreyra, José, op. cit. p. 23
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