
Coronel John W. Ripley: ¡Jesús y María Háganme llegar!
El coronel John W. Ripley es considerado el mayor héroe militar norteamericano en la Guerra de Vietnam. Su hazaña fue objeto de un libro y está graficada en un diorama existente en la Academia Naval de los Estados Unidos.
Él era capitán al tiempo de la vergonzosa retirada de las tropas americanas, abandonando al menguado ejército sudvietnamita a su propia suerte. Enfrentando presiones y burlas, él se ofreció como voluntario para volver a Vietnam y continuar ayudando a la resistencia. Quedó a cargo de la zona aledaña al puente Dong Ha, punto estratégico que podría permitir el paso de las tropas del Vietkong (dirigidas por el comunismo chino) para destruir muchos poblados de Vietnam del Sur rumbo a la consumación de su victoria tiránica.
Fue entonces que cundió el terror en la población donde Ripley estaba: ¡Una cantidad incontable de tanques enemigos se acercan para cruzar el puente! No sólo eso: del otro lado del río ya hay soldados con metralletas cubriendo el área. No había condiciones de enfrentarlos. El aniquilamineto sería total ¿Que hacer?
Había que volar el puente. Pero enfrentar las metralletas era un suicidio, y, además, el paso había sido construido por los norteamericanos con técnicas especiales de resistencia, sobre seis columnas fortísimas cercadas por una maraña de alambre de navajas. El pobre ejercito patriota no tenía ni instrumentos ni conocimientos para actuar en esa circunstancia.
Ripley no dudó. Con la ayuda de un soldado norteamericano1 tomó el equipo y los explosivos y con ese peso encima se lanzó a la corriente, repitiendo constantemente a la manera de los militares, "Jesus and Mary, get me there" ("Jesus y Maria, ¡háganme llegar!").
Bajo las ráfagas de balas, el cápitan fue con su ayudante a la primera columna, cortándose con las navajas que lo rodeaban, instalándo los explosivos y los detonadores, y sintiendo tanto dolor que perdió la noción de lo que era el dolor. Pero no era el momento de pensar en eso ¡Miles de vidas dependían de él! Y si Dios le pedía el sacrificio de su vida para obstaculizar el triunfo de una dictadura comunista (con sus consecuencias habituales de injusticias, hambre, persecución religiosa y violación de todos los derechos humanos), ¿cómo negárselo? Una vez más, Jesús y María, ¡háganme llegar!"
La misma operación se repitió en las otras cinco columnas, aún perdiendo los alicates en el río, y teniendo que usar sus dientes para instalar los detonadores, que eran de alta sensibilidad. Pero Jesús y María los acompañaron hasta el final de su hazaña y lograron hacer estallar el puente.
Los poblados que él defendía estaban salvados.
Viendo esto podemos apreciar cómo se equivocan los que piensan que el catolicismo es incapaz de formar personalidades fuertes, o más aún de moldear héroes. De otro lado existe, además del militar, el heróismo cotidiano del católico, luchando por mantenerse fiel a Dios, por defender a la iglesia en un mundo cada vez más hostil.
Pidamos a Jesús, por intermadio de María que nos ayude a llegar a las cumbres de la fidelidad con el mismo coraje que John W. Ripley tuvo para realizar su proeza.
1El nombre de este soldado no ha llegado hasta nosotros, pero eso no importa, porque ante Dios no existen los héroes anónimos.
|