Miguel Grau
El Donaire y La Vulgaridad en el trato social

Miguel Grau Seminario, "El Caballero de los Mares" El respeto, la cortesía, los buenos modales, en suma todo aquello que dignifica y eleva el convivio social va desapareciendo paulatinamente de nuestra sociedad dejando paso a un trato cada vez más vulgar y soez, todo esto como consecuencia del igualitarismo (entiéndase desprecio a toda jerarquía y a toda superioridad) que caracteriza a la sociedad "moderna". Qué diferencia con la caballerosidad y el donaire que hasta no hace mucho brillaba en las relaciones sociales.

Como muestra de esto colocamos trechos de las cartas que intercambiaron el Almirante don Miguel Grau Seminario -"El Caballero de los Mares"- y la viuda del Capitán de Fragata Don Arturo Prat Chacón, muerto en el combate naval de Iquique:

Dígnísima Señora:

Un sagrado deber me autoriza a dirigirme a Ud. y siento profundamente que esta carta, por las luchas que va a rememorar, contribuya a aumentar el dolor que hoy justamente debe dominarla. En el combate naval del 21 pasado... su digno y valeroso esposo, el Capitán de Fragata Don Arturo Prat, comandante de la "Esmeralda" fue como Ud. no lo ignorará ya, víctima de su temerario arrojo en defensa y gloria de la bandera de su patria. Deplorando sinceramente tan infausto acontecimiento y acompañándola en su duelo, cumplo con el penoso deber de enviarle las para Ud., inestimables prendas que se encontraron en su poder... Ellas le servirán indudablemente de algún pequeño consuelo en medio de su desgracia y por eso me he anticipado a remitírselas.


Reiterándole mis sentimientos de condolencia, logro, señora, la oportunidad para ofrecerle mis servicios, consideraciones y respeto con que me suscribo de Ud. señora, muy afectísimo seguro servidor. Miguel Grau.

*** ***

Carmela Carvajal de Prat Distinguido Señor:

Recibí su fina y estimada carta... En ella, con la hidalguía del caballero antiguo, se digna Ud. acompañarme en mi dolor deplorando sinceramente la muerte de mi esposo y tiene la generosidad de enviarme las queridas prendas que se encontraron sobre la persona de mi Arturo, prendas para mí de un valor inestimable, por ser, o consagradas por su afecto, ...o consagradas por su martirio...

Al proferir la palabra martirio, no crea Ud., señor, que sea mi intento inculpar al jefe del "Huascar" la muerte de mi esposo. Por el contrario, tengo la conciencia de que el distinguido jefe, que arrostrando el furor de las innobles pasiones sobreexcitadas por la guerra, tiene hoy el valor... de asociarse a mi duelo y de poner muy alto el nombre y la conducta de mi esposo en esa jornada, y que tiene aún el más raro valor de desprenderse de su valioso trofeo poniendo en mis manos una espada que ha cobrado un precio extraordinario por el hecho mismo de no haber sido jamás rendida; un jefe semejante, un corazón tan noble, se habría, estoy segura, interpuesto, a haberlo podido, entre el matador y su víctima...

Profundamente reconocida por la caballerosidad de su procedimiento hacia mi persona y por las nobles palabras con que se digna honrar la memoria de mi esposo, me ofrezco a Ud. atta. y affma. S.S. Carmela Carvajal de Prat.


¡Cómo se oscureció el oro! podríamos decir. Sin embargo, esos valores (fruto, en último análisis, de la virtud católica) existen aún latentes en nuestras almas a la espera de un renacimiento y ciertamente renacerán cuando comprendamos que la verdadera riqueza de una nación se encuentra menos en las cosas materiales que en el desarrollo de sus potencialidades de alma, y que la felicidad en esta tierra está no en el mero gozo de la vida y sí en conocer los verdaderos ideales y servirlos heroicamente.




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