Frente a la droga y la violencia juvenil

 
El remedio óptimo y accesible, pero olvidado o saboteado

Mucho se habla de la droga y de la violencia juvenil. Y con razón, porque son problemas graves y extremamente preocupantes. Sin embargo, poco se hace para combatirlos. Al punto de tolerar la demolición de aquello que más puede ayudar a atenuarlos.
 
¿Que no?  Veamos... 
 
Obviamente, un medio esencial para impedir que los jóvenes sean arrastrados por la violencia o la droga es atraerlos para algo opuesto a ellas; que los forme cuando son más influenciables, los entretenga en un ambiente elevado y sano,  instruyéndolos en la vida cotidiana, pero sin que ellos se sientan encerrados, como en una cárcel o casa correccional.
 
¿Dónde encontrar para cada joven alguien que lo eduque, que tenga afinidad con él, que lo entienda y lo conozca a fondo; que lo quiera a punto de estar dispuesto a los mayores sacrificios, que tenga una mentalidad hecha a la medida para saber estar en armonía con sus cualidades, pero también poder combatir sus defectos?
 
¿Cuál será el ambiente donde cada joven pueda desarrollarse, con afinidades con él durante la infancia y juventud, pero que al mismo tiempo no trate de hacerle imposiciones arbitrarias que dañen su personalidad, que sepa dejarle ciertas libertades razonables a medida que crezca, pero sin que caiga en el libertinaje?
 
Ese ambiente, para cada uno, existe y está a la vista; allí Dios lo hizo nacer, es su familia. Allí están sus padres, que lo conocen desde el primer día, lo comprenden y lo quieren indeciblemente, que se sacrifican a diario por su bien – a veces, infelizmente, a su modo – y se desvelan por su futuro, que lo ven como una prolongación de sí mismos.
 
En ese ambiente acogedor también están sus hermanos, desde que nacieron; crecieron juntos, compartiendo formas de pensar y modelos que admirar, así como alegrías y tristezas a lo largo de los años, mostrando parecidos, ora con la madre, ora con el padre, y de más o menos todos entre sí.
 
Ésa es la familia ideal, infelizmente no la real, pues en la práctica hay sombras junto a esas luces, y a veces éstas son más escasas que aquellas, imponiendo en el cuadro una oscuridad casi completa, o sea, deteriorando a la familia misma.
 
Quienes desean difundir las drogas y la violencia juvenil, por eso mismo tratan de destruir la familia a través del divorcio, del aborto, del concubinato y del adulterio, del control natal, de la televisión obscena, de  la tolerancia frente a los vicios, etc. Quieren destruirla por dentro, deteriorándola,  y por fuera, demoliéndola.
 
Así incentivan la degradación de las costumbres y ven con mal velada simpatía los síntomas de crisis de la familia que se ven a diario.
 
Si se quiere acabar con los problemas agobiantes de las drogas y de la violencia juvenil, nada mejor que fortalecer la familia. Y quien desee volverlos dominantes, no tienen camino más directo que acabar rápidamente con ella.
 
 




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