
Peregrinación Al Santuario del Señor de COUYLLORRITY
Es por nuestra Fe católica, y por bastantes deseos de hacerlo, que mi familia tiene como tradición realizar la peregrinación al Señor de Couyllorrity, desde el Cusco. Así, comencé desde los 15 años de edad, hasta hoy, en que tengo 19.
Se empieza alistando las cosas necesarias para el viaje. Lo primero que uno debe de tener en cuenta es que el santuario del Señor de Couyllorrity queda en las faldas de un nevado, el Ausangate (6,372 m.s.n.m., al Este del Cusco) ...y el frío que hace es de temer. Así, pues, alisté ropa cómoda, pero abrigadora; luego, en compañía de mi madre, salimos a embarcarnos en alguno de los diferentes buses que cubren esta ruta.
De preferencia se toma el carro de noche; el viaje dura, aproximadamente, de 5 a 6 horas y se llega de madrugada. A mi parecer, y el de muchas otras personas, hacerlo así es menos fatigoso .
Entonces, tomamos el bus a las 8 de la noche y sin más sobresaltos llegamos a Mahuallani (primera escala del trayecto) a la 1 de la madrugada. Y, como es necesario, mi madre y yo fuimos a reponer energías, tomando un rico y poderoso caldo de gallina, acompañado de un mate de coca. Lo bueno es que las gallinas son de corral, de la propia región y muy exquisitas...
Luego, nos alistamos para emprender la peregrinación a pie; nos abrigamos bien … chalina, guantes, linterna, caramelos y un poco de hojas de coca. Y así, comenzamos la subida, que es lo más sacrificado, ya que uno rápidamente se agita y le parece sentir que el corazón le va a estallar .
Al terminar de subir la pequeña cuesta encontramos la primera de varias cruces que representan al Señor de Couyllorritty, a la cual le rezamos con mucha fe pidiéndole fuerzas. No vemos mucho del entorno por lo lóbrego de la noche, pero luego la luna se convierte en nuestra compañera en la larga travesía .
De un momento a otro, mi madre se pone mal: el corazón y la presión. Decidimos parar un rato. Lo bueno es que muchos peregrinos nos ven y acuden hacia nosotros, ofreciéndonos su ayuda y dándonos ánimo para seguir. En ese momento uno se va dando cuenta que el ambiente que se vive es de recogimiento, de hermandad, de amor al prójimo, digno de una verdadera peregrinación .
Superado el contratiempo proseguimos como 4 km. En todo el transcurso no hacemos, si no, hablar con mi mamá sobre muchas cosas.
En esos momentos nos topamos con pequeñas carpas improvisadas en el camino por los mismos pobladores, que por lo visto nunca duermen; y si uno lo desea puede entrar en ellas a tomar algo caliente, a modo de descansar. Pero lo más peculiar ahí, es que como dicho sitio es casi árido y no tiene mucha flora, el gran ingenio de los pobladores les ha llevado a utilizar, de forma astuta, el guano de los camélidos, que ahí habitan, como combustible; y la verdad es que sólo con ello hacen arder sus pequeñas cocinas.
Seguimos con la caminata y el frío se hace sentir. Esto, sumado al cansancio, hace pasar por mi mente la idea de abandonar la travesía; pero sesiente un imponderable, un ambiente de fe, que a uno le da fuerzas para continuar.
Así pasan un sin fin de cosas amenas, hasta que puedo ver claramente todo el lugar, y es que ya terminó de amanecer totalmente. Y ahí nace otra pregunta: ¿Por qué Nuestro Señor de Couyllorrity se apareció justo en ese lugar tan agreste, desolado, alejado? En esto me pasé pensando unos kilómetros, y llegué a la conclusión de que la sabiduría, la humildad – entre otros atributos de Nuestro Señor– se manifiesta en los lugares y momentos menos pensados, es decir en ocasiones estratégicas para que la gracia actúe. Porque uno al estar ahí se da cuenta que para llegar hacia el Señor de Couyllorrity hay que tener tenacidad , perseverancia y más que nada, Fe; tal como hay que tenerla para salir adelante en la vida; y así, todas esas conclusiones, a las que uno va llegando, son parte de lo maravilloso de esta peregrinación, en la cual uno aclara su mente en forma armoniosa .
De repente, en medio de esas personas, que van con nosotros con el mismo propósito, vi una escena muy emotiva: una madre, cansada, que va con la única compañía de su hijo, un vástago de no menos de 6 años, dándole ánimos, guiándole, frotándole la espalda y llegándole a abrazar, así como si quisiera pasarle toda su joven vitalidad. De verdad que esa escena me quedó incrustada en el corazón hasta ahora. Y así, todo el camino nos ofrece escenas muy bellas, y más que nada formativas.
Por fin, cuando sentimos que ya casi no podemos más, llegamos a ver de lejos el santuario, y entonces podemos recuperar el aliento. Pero justo el sendero que lleva hacia el santuario se halla plagado de viles comerciantes que no respetan lo sagrado del lugar y que lucran con la fe del pueblo, y que en el colmo de los colmos se ponen a vender desde retratos con la figura de Nuestro Señor de Qouyllorrity, hasta imitaciones de títulos profesionales, casas, carros, visas al extranjero (!!!), etc., porque algunos profesan la creencia absurda de que comprando estos juguetes, el Señor les va escuchar mejor, y, por lo tanto, "es fijo" que por dicha compra uno ya tiene asegurados sus “deseos”. Eso es lo que dicen los comerciantes, que intentan vender a toda costa; pero está claro que es un absurdo, porque lo que Nuestro Señor considera es, sobre todo, nuestra propia oración y esfuerzo.
Cuando veo que por fin llegamos, la emoción me comienza a embargar, hasta que entramos y el ambiente que allí se vive es de tanta sacralidad que induce al silencio absoluto: nadie habla fuerte; la gente observa un comportamiento de reflexión y meditación solemnes.
Es importante decir que todo este santuario ha sido construido con las donaciones de los fieles devotos, que han regalado desde los mismos techos, ventanas y todas las partes de la construcción, hasta un carpintero que donó el altar completo .
Luego de ver todas estas cosas maravillosas llega mi turno para poder estar frente a Nuestro Señor de Couyllorrity. En ese instante la emoción que siento es muy conmovedora, al tener frente a mí todo un milagro divino, prueba fiel de que nuestro Padre Santísimo está con nosotros siempre .
La fisionomía es de Cristo crucificado, y si uno mira con atención puede llegar a ver unos ojos que dan a entender un sentimiento de pena combinado con mucha ternura. Esa mirada me inspiró a dedicar una oración muy sincera y de corazón. Una vez terminada, encendí una vela en señal de mi recogimiento y me retiré con un sentimiento de paz incomparable .
Ya cuando estamos de regreso es que en verdad podemos darnos cuenta del hermoso y magnífico paisaje que nos rodea, y uno se encanta por la belleza única del nevado Ausangate, ese blanco envolvente que parece irradiar pureza; el aire igualmente puro, mientras la fauna comienza a moverse cuando sale el sol: vemos alpacas, llamas, vizcachas y una que otra ave adaptada al frío de esos páramos; uno ve el cielo tan despejado, todo se torna mas cálido, pero el viento duro y azotador no deja que lo olvidemos en ningún instante.
Y una vez de regreso, con fatiga, con hambre, pero con una paz interior que solo una peregrinación realizada con sincera devoción es capaz de dar, es entonces que me animo más para el pronto retorno a Couyllorrity, porque soy muy sincero al decir esto… ¡Valió la pena! y prometo volver.
Por : Ho Alim Mosqueira Céspedes
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