Hidalguía y Donaire

El gallardo equino enfrenta con agilidad la impetuosa embestida del bravo y noble astado. El caballero, señor de sí, es la imagen de la vieja tradición hispánica: garbo, naturalidad, dominio y valentía. Este hombre no sólo enfrenta el riesgo, sino que sabe hacerlo bellamente. Se diría que es un artista a punto de dar una pincelada en su obra, que en este caso tiene el esplendor artístico del riesgo.

A pesar de medir el peligro, no permite que las turbulencias del instinto de conservación perturben su lucidez. De tal manera es superior que comunica esa seguridad a su cabalgadura, mediante un diálogo mudo de influencias, haciéndola partícipe de su hidalguía y donaire. El ingenio humano lleva a su auge cualidades que el caballo nunca desarrollaría, si no fuera por el influjo civilizador de la razón.

El traje, el gesto, el ceremonial, la relación caballo-caballero, representan los gustos y modales del hombre que desea civilizar y embellecer la creación. Cómo contradice esta imagen al espíritu de simplificación y vulgaridad, el cual hace que el hombre contemporáneo renuncie al deber de ennoblecer y elevar su entorno.

Así, con el arte del rajoneo –lamentablemente tan poco visto en el Perú-, la tradición da toda una lección al día de hoy.





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