La Vejez: ¿Decrepitud o Apogeo?

Plinio Corrêa de Oliveira

Cuando se sabe apreciar más los valores del espíritu que los del cuerpo, el envejecimiento es crecimiento en lo que el hombre tiene de más noble, que es el alma, si bien que signifique la decadencia del cuerpo, que es, apenas el elemento material de la persona humana.

 ¡Y qué decadencia! Bien puede ser que el cuerpo pierda su belleza y su vigor. Pero se enriquece con la transparencia de un alma  que a lo largo de la vida supo desarrollarse y crecer. Transparencia ésta que constituye la más alta belleza de que la fisonomía humana es capaz.

Santa María Eufrasia Pelletier, nacida en la Vendée (Francia) en 1976, fundadora de una Congregación docente femenina, falleció en 1868. Su fiesta se celebra el día 24 de abril.

Nada de lo que significa hermosura le faltó en la juventud: la corrección de los trazos, la belleza de los ojos y del rostro, la distinción de la fisonomía, la nobleza del porte, la vivacidad y la gracia de la juventud. Mas aún, el esplendor de un alma clara, lógica, vigorosa, pura, se manifiesta fuertemente en su rostro. Es el tipo magnifico de la doncella cristiana.

Hela ahí en su ancianidad. Del encanto de los antiguos días resta apenas un vago perfume. Pero otra hermosura más alta brilla en este semblante admirable. La mirada ganó en profundidad; una serenidad noble e imperturbable parece prenunciar en ella algo de la nobleza trascendente y definitiva de los Bienaventurados en la gloria celestial. El rostro conserva el vestigio de las batallas arduas de la vida interior y apostólica de los santos. Alcanzó algo de fuerte, de completo, de inmutable; es la madurez en el más bello sentido de la palabra. La boca es un trazo rectilíneo, fino, expresivo, que trae la nota típica de una voluntad de hierro. Una gran paz, una bondad sin romanticismo ni ilusión, con algún resto de antigua belleza, se expresa aun en esta fisonomía. El cuerpo decayó, mas el alma creció tanto, que ya es está toda en Dios y hace pensar en la palabra de San Agustín: Nuestro corazón, Señor, fue creado para Vos y sólo está en paz cuando reposa en Vos.

¿Quién osaría afirmar que para Santa María Eufrasia envejecer fue lo mismo que decaer?





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