TSUNAMI: Causas naturales y Consecuencias sobrenaturales

por Luiz Sérgio Solimeo

"Fue como si Dios hubiese desencadenado su ira sobre la gente", dijo un testigo ocular acerca del tsunami que devastó las costas de once países en el sur de Asia e incluso el Este de África (1).

Esta impresión viva de la ira de Dios en acción fue precisamente el punto que la mayoría de reportajes intentó minimizar y hasta encubrir.

El suceso, supuestamente, no fue sino una combinación de causas materiales que, en virtud de las leyes inexorables de la Naturaleza, causó el maremoto y la enorme ola.

Fue mera coincidencia que esto suceda el día siguiente a la Navidad; un domingo en que miles de turistas occidentales yacían cómodamente bajo el sol en aquellas playas paradisíacas, más preocupados con el deleite corporal que con el Nacimiento de Cristo.

Fue también mera coincidencia que decenas de miles muriesen, millones fuesen heridos y tantos otros perdieran sus hogares. El hecho de que haya afectado a gente de toda categoría, muchos de ellos pobres pescadores, se debió simplemente a que estuvieron en el lugar inadecuado al momento inadecuado.

RECICLANDO VIEJOS ARGUMENTOS CONTRA DIOS

La catástrofe ha sido ocasión para desatar la vieja objeción atea contra Dios: Si Dios permite que tanta gente muera, y -aún peor- castiga juntos a culpables e inocentes, no puede ser un Dios justo. Sin embargo, ya que la idea de un Dios injusto es absurda, y ya que tales catástrofes tendrían que ser deseadas o, al menos, permitidas por Dios, la conclusión necesaria a que se llegaría es que Él no existe. La única alternativa sería la visión deísta de que Dios creó el Universo pero no interfiere en él, conforme la metáfora del "relojero" del impío Voltaire: fabrica el reloj, le da cuerda y luego se olvida de él (2).

El periodista británico Martin Kettle resumió bien esta posición racionalista en un artículo que apareció en The Guardian, de Londres, a los pocos días del evento. El título dice todo: "¿Cómo pueden los creyentes explicar algo así?" (3).

Habiendo mostrado cuán difícil es explicar las catástrofes naturales desde el punto de vista religioso y hasta del científico, Kettle pregunta dónde quedan los "creacionistas" con el tsunami. Él trae a la memoria cómo los creyentes trataron de explicar otros desastres naturales, como el terremoto que destruyó Lisboa en 1755, como castigos divinos. Y continúa: "Voltaire se preguntaba qué clase de Dios podría permitir que ocurra tal cosa. ¿Tenía Lisboa, en verdad, muchos más vicios que Londres o París como para merecer ser castigada de manera tan horrorosa e indiscriminada?"

Kettle concluye: "Es muy difícil pensar en algún evento de los tiempos modernos que requiera una explicación más seria de las potencias de la religión que el terremoto de esta semana. La pregunta que Voltaire hacía a los cristianos en el siglo XVIII -¿por qué Lisboa?- debería generar toda una serie de equivalentes en el siglo XXI para todas las religiones del mundo".

Aparentemente, el cuestionamiento de Kettle resonó en altos parajes. Tanto el arzobispo anglicano de Cantorbery, Rowan Williams, como el Cardenal Jean-Claude Turcotte, de Montreal, rechazaron la idea de que la gigantesca ola pueda ser un castigo divino y juzgaron normal que la gente levante dudas sobre la Divina Providencia cuando suceden catástrofes así. Como Voltaire, parecen creer que bastan las causas naturales para explicar el evento y que Dios deja tales incidentes al mero proceso de las leyes, sin intervenir(4).

LAS LEYES NATURALES Y EL AUTOR DE LA NATURALEZA

Es obvio que el tsunami tuvo causas naturales, como cualquier otra catástrofe natural. Si bien esto puede explicar cómo sucedió, no explica enteramente todas las razones por las que sucedió. El alma humana tiene una necesidad natural de entender las cosas según sus causas últimas, que trascienden las circunstancias próximas e inmediatas que rodean los hechos, y busca su significado más profundo.

Para obtener tal comprensión, uno necesita conocer el rol de Dios en el gobierno de la Creación. Uno debe superar la confusión que hay frecuentemente entre la acción directa de Dios en la Naturaleza y su actuación por medio de las leyes que Él puso en a Naturaleza.

El mismo hecho de que el hombre descubra las leyes de la Naturaleza que guían el funcionamiento del universo material y entienda su complejidad y sabiduría, no puede dejar de hacerlo pensar en Dios, en la inteligencia que concibió este universo y en el poder que creó todo.

Sin embargo, el hombre tiene una tendencia -algo infantil- a pensar que, por haber descubierto tales leyes y a veces poder imitarlas o controlar artificialmente sus efectos, adquirió el mismo poder que el Creador (5). 

En realidad, en tales casos, el hombre simplemente ejerce los dones que recibió del Creador: inteligencia, inventiva, fuerza de voluntad. Descubrir no es crear sino entender. Dominar un río turbulento haciendo diques o canales, o aprovechar su poder para generar electricidad, no hace al hombre igual a Creador, sino que lo convierte en un humilde y amoroso cooperador en la obra de la creación.

Además, Dios es no sólo el autor de la Naturaleza y de sus leyes, sino también su sustentador. A diferencia de un reloj o un violín que, una vez hechos por el artesano, tienen su propia existencia, las leyes que gobiernan al hombre y el universo no tienen una existencia totalmente independiente de Aquél que las creó. De hecho, el artesano no "crea" el reloj o el violín, absolutamente hablando, sino que da forma a elementos materiales preexistentes. La subsistencia de estos objetos no depende de él sino de la naturaleza de los materiales que usó.

ATRIBUYENDO CARACTERÍSTICAS DIVINAS

Así, Dios debe ser visto como la causa y el sustentador de la naturaleza y de sus leyes, y aquí es donde la confusión entra al debate. Nada en el universo existió desde antes de la Creación. Las leyes de la naturaleza regulan la actividad en el universo de acuerdo a la esencia particular de cada ser.

No obstante, los evolucionistas absolutos creen que todo proviene de materia preexistente. Si esto fuese verdad, tal materia inicial tendría las características de Dios, pues sería eterna, inteligente, omnipotente e infinita (6). Asimismo, cuando los evolucionistas explican el proceso evolutivo insertando el factor "azar" en la ecuación, lo que hacen es apenas transferir al azar los mismos poderes "divinos" que atribuyen a la materia inicial.

Lo mismo sucede cuando las leyes de la naturaleza son vistas como la causa última de todo lo que existe. En resumen, si la explicación última de los fenómenos naturales se halla en las leyes de la naturaleza, sucede una de dos cosas: o estas leyes son divinizadas -una forma de panteísmo (7)- o Dios es tomado como un ser totalmente innecesario, tal como el relojero de Voltaire.

CÓMO DIOS GOBIERNA EL UNIVERSO

Claramente, tales posibilidades son absurdas. Divinizar la naturaleza, sus leyes o agentes, no puede explicar el intrincado funcionamiento del universo. Al tiempo, la Sabiduría Divina no podría haber creado un universo sin significado ni finalidad, ciegamente gobernado por leyes que escaparon del control divino (8).

El hecho de que Dios gobierne el universo normalmente a través de causas secundarias no significa que éstas no estén bajo su poder. Siendo el Autor primario de todo lo que existe, también es autor de las sustancias que producen las causas secundarias y las leyes de la naturaleza. Así, Él puede producir efectos directamente, sin auxilio de estas causas secundarias (9).

Por tanto, una explicación "natural" de la ola gigante no se opone a una visión "sobrenatural" del fenómeno, mediante la cual podemos interpretarlo como una intervención divina o una manifestación del poder de Dios de acuerdo a sus designios insondables.

¿POR QUÉ DIOS PERMITE LAS CATÁSTROFES?

Así como el movimiento de una flecha hacia su blanco es causada por el impulso dado por el arquero, de la misma manera, en el origen de todo movimiento natural hay un impulso dado por el Creador de todas las cosas.

Con su sabiduría ordenadora, Dios conduce todas las cosas a un buen fin, que es su gloria extrínseca. Sin embargo, así como sería opuesto a una buena manera de gobernar el hecho de intervenir constantemente en las actividades de los súbditos, así también la Providencia o Divino Gobierno normalmente deja a las causas naturales seguir su curso, aunque, ocasionalmente, ello pueda dar lugar a algún mal. Como un gobernante humano, Dios rara vez interviene directamente, previniendo o modificando la acción de causas naturales, excepto por razones extraordinarias.

HACIA UN BIEN MAYOR

Así como una intervención excesiva de un gobierno humano pondría demasiada carga sobre la vida social, así también una intervención extraordinaria y continua de Dios, impidiendo el curso normal de la naturaleza, evitaría algunos males, pero también impediría algunos bienes. Porque, así como el mismo fuego que es fundamental para la vida humana puede causar incendios devastadores, de la misma manera la lluvia, indispensable para la agricultura, puede causar inundaciones, y así por delante. Asimismo, si el Creador tuviese que evitar que el hombre use su libertad, con el fin de evitar que abuse de ella, estaría yendo contra la racionalidad de su naturaleza.

Así, Dios permite que sucedan catástrofes sabiendo que los sufrimientos que provocan, sea por causas naturales o humanas, pueden ser pruebas que den oportunidad a las criaturas racionales para adquirir méritos, a través de actos de paciencia, caridad, dedicación y hasta heroísmo.

Del mismo modo, Dios puede utilizar también las calamidades naturales y hasta las fechorías de los hombres para castigar a la humanidad por sus pecados y dejar un ejemplo a los hombres.

Fue así exactamente que Él actuó durante el Diluvio y la destrucción de Sodoma y Gomorra, que quedaron establecidas como advertencias a los hombres, y que serán recordadas hasta el fin de los tiempos (10). Dios también utilizó la furia de Nabucodonosor para castigar al Pueblo Elegido por su prevaricación (11).

Así como Dios recompensa a los pueblos en esta tierra por el bien que hacen, de modo semejante los castiga por sus vicios.

"SI EXISTE EL MAL, DEBE HABER UN DIOS"

No obstante, los castigos generalizados no caen sólo sobre los malos, así como los premios en esta tierra no son dados sólo a los buenos. Sólo en la vida futura se juzgará a cada uno, individualmente, según sus propios méritos o culpas. Al permitir que los buenos sufran calamidades, Dios les da oportunidad de practicar la virtud. Cuando Dios toma la vida de un niño inocente, puede estarlo protegiendo de futuras tribulaciones que sólo Él conoce, y dando al niño la corona de la vida eterna (12).

En suma, la objeción frecuente -Si existe un Dios, ¿por qué existe el mal?- debe ser respondida invirtiendo la frase: Si existe el mal, debe haber un Dios. Pues, ya que el mal es la ausencia del bien, sólo sucede porque el bien existe. Sin la existencia de un bien supremo, que es la Causa de todo el bien creado, éste no podría existir, y por tanto su ausencia accidental -el mal- tampoco existiría (13).

¿HAY MOTIVOS PARA QUE DIOS ESTÉ DESCONTENTO?

Tal como lo han expuesto claramente los relatos noticiosos, la catástrofe que golpeó las costas del Sur de Asia no sólo afectaron el área inmediata. También murió un gran número de turistas de todo el mundo. En esta era de comunicaciones globales e instantáneas, las noticias e imágenes llegan e impactan a la gente que está en los más aislados rincones del planeta. Así, el desastre bien puede ser calificado de catástrofe planetaria.

El Prof. Ernesto Galli Della Loggia, de la Universidad de Perugia (Italia), llegó a comparar el tsunami con el Diluvio Universal por su dimensión planetaria (14).

Así, la mencionada exclamación del sobreviviente indonesio de que "fue como si Dios hubiese desencadenado su ira sobre el pueblo", se refiere no sólo a un pueblo, sino a toda la humanidad.

Sólo una persona desprovista de sentido del pecado podría afirmar que no hay razones para que Dios esté descontento con el hombre.

La inmoralidad y la amoralidad han alcanzado niveles sin par. Hasta los antiguos paganos tuvieron mayores nociones de recato, fidelidad, honor y honestidad que los hombres de hoy.

Hay un desprecio de la moralidad que tiene como consecuencias un incalculable número de divorcios, abortos y desviaciones sexuales de toda clase, incluyendo una campaña orquestada para favorecer y fomentar la homosexualidad.

Aún peor; hay una campaña implacable de blasfemias y burlas contra Dios y todo lo sagrado. Es una embestida tan cruda y violenta que, ante ella, el radicalismo extremista de la Europa decimonónica queda empequeñecido hasta la insignificancia.

Las resoluciones judiciales están retirando de la educación y la vida pública, en forma lenta pero inexorable, toda referencia a Dios o a la religión.

Hasta la Navidad, la fecha más simbólica del Cristianismo, es vaciada de su contenido religioso. Los activistas del secularismo están acelerando sus ya añosos esfuerzos para destruir la esencia de la celebración, el nacimiento de Cristo, convirtiéndola en simples "fiestas" impersonales.

Podrían ser dadas muchas razones más para la manifestación de la justa ira de Dios, pero son innecesarias para aquellos que aún preservan una noción de pecado.

LA CONEXIÓN FÁTIMA

Ante el tsunami y tantos otros desastres naturales recientes, no podemos menos que evocar la advertencia de Nuestra Señora en Fátima, en 1917, sobre los castigos que sucederían a la humanidad en caso de que los hombres no se conviertan (16).

Sin embargo, Dios es misericordioso aún cuando castiga. El Señor "no desea la muerte del malvado, sino que el malvado cambie de camino, y viva" (17).

Este es el mensaje de conversión que puede ser extraído del terrible maremoto que sacudió nuestro mundo cada vez más materialista y neopagano. 



(1) "Aldeanos indonesios tiemblan ante la 'ira de Dios' mientras las olas gigantes causan destrozos", AFP, 27/12/2004, http://asia.news.yahoo.com/041227/afp/041227045658asiapacificnews.html

(2) Voltaire es el seudónimo de François-Marie Arouet (1694-1778), uno de los más implacables enemigos de la Iglesia Católica, a la cual combatió con sarcasmo acre e irreverente. Libertino y ateo práctico, su concepto de Dios justificaba su estilo de vida inmoral. Pregonaba que la existencia de Dios es necesaria para explicar la existencia del Universo, debido a que no hay efecto sin causa, y por tanto la Creación clama por un Creador. Sin embargo, este creador, como un artesano, fabrica un artefacto que deja de tener cualquier tipo de conexión con su autor. En uno de sus escritos se encuentra la famosa afirmación que resume el deísmo: "El mundo me pone en vergüenza, y no puedo soñar / Que este reloj existe y no tuvo relojero". Este "Dios relojero", sin embargo, no tiene nada en común con el Dios de la Revelación y el Cristianismo. Como todos los deístas, Voltaire niega la Divina Providencia y la Encarnación, Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo.

(3) http://www.telegraph.co.uk/opinion/main.jhtml?xml=/opinion/2005/
01/02/do0201.xml.

(4) Este parece ser el significado del artículo del líder anglicano y de las declaraciones del cardenal. Sin embargo, su pensamiento está lejos de ser claro. Cf. Rowan Williams, "Por supuesto que esto nos hace dudar de la existencia de Dios", archivado: 02/01/2005, http://www.telegraph.co.uk/opinion/main.jhtml?
xml=/opinion/2005/01/02/do0201.xml; Antoine Robitaille, ¿Y Dios, con todo esto? El arzobispo de Cantorbery duda y el cardenal Jean-Claude Turcotte rechaza toda idea de "Dios vengador", LeDevoir.com, edición del miércoles 5 de enero de 2005, http://www.ledevoir.com/cgi-bin/imprimer?path=/2005/01/05/71922.html. 

(5) "Pero la serpiente dijo a la mujer: ... vuestros ojos serán abiertos y seréis como dioses que saben lo que es bueno y lo que es malo" (Gen 3, 4-5).

(6) La Apologética tradicional muestra que el Creador debe ser eterno, inteligente, omnipotente e infinito. Para leer más sobre esto, ver la Summa Contra Gentiles de Sto. Tomás de Aquino: http://www.nd.edu/Departments/Maritain/etext/gc.htm

(7) Panteísmo es un conjunto de doctrinas y sistemas filosóficos que afirman que Dios y la naturaleza son lo mismo, o, en otras palabras, que la naturaleza es divina.

(8) Esto no significa que no exista ninguna forma de casualidad, pues a menudo las cosas suceden por razones fortuitas. Empero, esta es una casualidad "relativa", que Dios permite y desea; no se trata de algo que escape completamente de su Voluntad y gobierno del universo. Es más, Dios dispone que ciertas cosas tengan necesariamente que suceder según ciertas leyes inmutables de la naturaleza; y Él hace que otras cosas dependan de causas contingentes, de manera que puedan o no suceder. En el caso de los seres inteligentes. Él respeta el libre albedrío humano (Cf. Sto. Tomás, Summa Teologica, I, q. 19 a. 8; Summa Contra Gentiles, I, n. 86).

(9) Cf. Santo Tomás, Summa Contra Gentiles, III, nn. 94-102

(10) San Ambrosio señala el pecado de la carne como la causa del Diluvio, y comenta que, así como Noé se salvó al entrar en el arca, así también aquél que domina su concupiscencia se ve librado de ahogarse en el torrente de las pasiones (Cf. Cornelii a Lapide, Commentaria in Scripitoram Sacrum, I, In Pentateuchum Mosis, París, 1831. p. 136). Sobre Sodoma y Gomorra, el P. John McKenzie escribe: "La historia de Sodoma y Gomorra (...) se convierte en un proverbial ejemplo de la ira y el juicio de Yahvé (Deut 29, 22 y ss.; Sab 10, 6: Am 4, 11; Sof 2, 9; Luc 17, 29; 2 Pedro 2, 6; Jud 7)" (John L. McKenzie, SJ, Dictionary of The Bible, The Bruce Publishing Company, Milwaukee, 1965, p. 827.

(11) McKenzie, p. 609, Jer 25, 27-29.

(12) Los niños no bautizados, según la opinión más común entre los teólogos, reciben una felicidad natural y eterna en el limbo.

(13) 13. Of God and His Creatures - An Annotated Translation of the Summa Contra Gentiles of Saint Thomas Aquinas, poor Joseph Rickey, SJ, The Carroll Press Westminster, Maryland, libro III, n. 71, pp. 24-243; Cf. ibid. I, nun. 39, 95-96; Summa Theological, I. q. 14, a. 10; 1 q. 48; I, q. 19, a. 9 (para la Summa Theologica, en inglés, ver http://www.newadvent.org/summa/); San Agustín, La Ciudad de Dios, Libro VI, http://ccel.org/fathers/NPNF1-02/Augustine/cog/t31.htm#t31.htm.2.

(14) Ernesto Galli della Loggia, "Tsunami. Un Diluvio Universal": "El tsunami que destruyó las costas del Océano Índico, desde Sumatra hasta Somalia, fue algo muy diferente de las catástrofes naturales comunes que han sucedido a la humanidad, algo que va mucho más lejos. Es más; este cataclismo ha sido la primera catástrofe natural cuya resonancia ha adquirido una dimensión universal (...) Italianos, suecos, franceses, ingleses, norteamericanos, por decenas y hasta centenares, fueron arrebatados por la furia del maremoto, junto con asiáticos. (...) [Es una] genuina trasposición al mundo real del mito del Diluvio presente en el patrimonio cultural de muchos pueblos que habitan los más distintos rincones de la Tierra" (Corriere della Sera, apud http://www.soverato.com/Eventi/Tsunami/diluvio_universale.asp.)

(15) A diferencia del hombre, Dios no tiene ira, ya que en Él no hay pasiones. No obstante, cuando la ira humana viene de una indignación legítima contra el mal y es proporcional a la gravedad de éste, es un acto de virtud y, por tanto, una perfección. Así, mientras que la cólera no existe en Dios como pasión, existe como una perfección de ira virtuosa, pues todas las perfecciones existen en Él, que es el Ser absolutamente perfecto. Es en este sentido que la Escritura dice que Dios manifiesta su ira por los pecados de los hombres (Cf. Summa Theologica I, q.3 a. 2: I.q.19, a.11; I.q.20.a 1; I-II q. 46 2; II-II, q. 158 a.1.; Summa Contra Gentiles, I, n. 96.

(16) Fatima in Lucia's Own Words (Fatima, Portugal: Secretariado dos Pastorinhos, 1998) pp. 170-174.

(17) Ez 33, 11.





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