
La Pasión según el Santo Sudario
Plinio Maria Solimeo
El Santo Sudario de Turín confirma, con precisión impresionante, los indecibles suplicios y sufrimientos de Nuestro Señor Jesucristo durante su Pasión.
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Raciocinamos con San Alfonso: "Si alguien hubiese padecido por un amigo injurias y malos tratos, y luego supiese que el amigo, al oír hablar de lo sucedido, no quisiese recordarlo; y cuando lo recordasen, dijese: '¡Hablemos de otra cosa!', ¡qué dolor sentiría aquel al ver el olvido del ingrato! Por el contrario, ¡qué consuelo experimentaría al certificarse de que el amigo afirma testimoniarle eterna gratitud, y que siempre lo recuerda hablando de él con ternura y sollozos! Por eso es que todos los santos, conocedores del placer que proporciona a Jesucristo el evocar a menudo su Pasión, se han preocupado en meditar casi de continuo los dolores y desprecios que padeció el amabilísimo Redentor durante su vida y especialmente en la muerte (1)". Meditar en la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo fue siempre y continúa siendo una de las fuentes más ricas para el progreso espiritual y la santificación. Entretanto, para nosotros, hombres del siglo XXI, eso se torna cada vez más difícil, principalmente por nuestra tibieza, pero también porque fuimos deformados por la "civilización de la imagen" - según expresión de Pablo VI. Deformación ésta que nos torna difícil la abstracción.
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Cuatro científicos examinan la parte posterior del Sudário, no consiguiendo percibir ningún vestigio de la figura en el anverso del tejido |
El "Quinto" Evangelio
¿Habrá sido, para ampararnos en esa fragilidad, que la Divina Providencia reservó exactamente para nuestra época el descubrimiento del tesoro que se encuentra en el Santo Sudario de Turín? Pues fue sólo con el desarrollo de la ciencia y de los más sofisticados equipos modernos que se descubrieron las maravillas en él encerradas, como las marcas de la corona de espinas, de la flagelación, de la lanza, y hasta de las señales que se puede suponer hayan sido impresas por la resurrección de Nuestro Señor. Científicos que investigaron largamente esa sagrada reliquia afirman que el Santo Sudario es más completo y minucioso, en narrar la Pasión de Cristo, que los propios Evangelios. Y que "nada, en todos los descubrimientos del ´grupo del Sudario´ (Proyecto de Investigación del Sudario de Turín - STURP), en tres años (de investigación y análisis), contenía una única información que contradijese las narrativas de los Evangelios(2)". Por eso, algunos llegaron a calificar al Santo Sudario como el "Quinto Evangelio" o el "Evangelio para el siglo XXI". El eminente católico y competente cirujano y escritor francés, Dr. Pierre Barbet, ponderó en uno de sus libros sobre el Sudario: "Un cirujano que haya meditado sobre los sufrimientos de la Pasión,... que se haya aplicado a reconstituir metódicamente todas las etapas de ese martirio de una noche y un día, podrá, mejor que el predicador más elocuente, mejor que el más santo de los ascetas (dejando de lado los que de eso tuvieron visiones), compadecer, esto es, padecer con los sufrimientos de Cristo(3)". Es lo que vamos a hacer, teniendo como base los testimonios de cirujanos, científicos y especialistas que analizaron el Sudario, siguiendo paso a paso la Pasión de Cristo como nos narran los Evangelios y la Tradición y como aparece en el Santo Sudario.
Oración en el Huerto
"Él (Jesús) entró en agonía, y su sudor se tornó como gotas de sangre cayendo por el suelo" (Lc. 22, 44)
"Notemos que el único evangelista que relata el suceso es un médico (San Lucas), y lo hace con la precisión y la concisión de un clínico. La hematidrosis (excreción de sudor sanguinolento) es un fenómeno raro, pero bien descrito. Aparece, según el Dr. Le Bec, 'en condiciones completamente especiales: una gran debilidad física, acompañada de un abatimiento moral, seguido de una profunda emoción y de gran miedo'...El miedo, el terror y el abatimiento moral están aquí en su auge. Es lo que San Lucas manifiesta por 'agonía', que en griego significa lucha, ansiedad, angustia. ...Una vaso-dilatación intensa de capilares subcutáneos, que se rompen en contacto con la base de millones de glándulas sudoríparas. La sangre se mezcla al sudor y se coagula en la piel después de la exudación. Es esta mezcla de sudor y coágulos que se reúne y escurre por todo el cuerpo en cantidad suficiente para caer por tierra(4)". El Prof. Giovanni Tamburelli, analizando la foto tridimensional del rostro de la figura del Santo Sudario por medio de un computador, verificó, además de innumerables brotes y pequeños coágulos de sangre que lo marcan, que parece estar todo cubierto de sangre, como debía haber quedado el rostro de Nuestro Señor en el momento de la agonía en el Huerto de los Olivos (5).
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Imagen reciente del rostro impreso en el Sudario, revela la cantidad de sangre en Él contenida. |
La bofetada en casa de Anás
"Uno de los guardias presentes dio una bofetada a Jesús, diciendo: '¿Es así que respondes al sumo sacerdote?'"(Jn. 18,22)
Los científicos, analizando el Sudario, constataron que, en el lado derecho del rostro que allí aparece, hay una gran contusión y el cartílago de la nariz está roto y desviado para la derecha. Explica el Dr. Judica Cordiglia que la ruptura del cartílago de la nariz y el subsecuente desvío nasal que se observan en el Sudario se deben a un golpe infligido por un pedazo de palo corto, cilíndrico, de 4 a 5 cm. de diámetro(6). Esto habría provocado una abundante salida de sangre, lo que se constata en el Sudario por el hecho de estar el bigote impregnado de sangre, que baja de la nariz, perdiéndose en la barba(7). Ahora, los especialistas en lingüística opinan que la palabra utilizada por San Juan para "bofetada" puede ser traducida por "bastonada". Lo que estaría conforme con las conclusiones a las que llegaron los científicos que examinaron el Sudario(8).
Injurias y malos tratos
"Y comenzaron a saludarlo: ' ¡Salve, rey de los judíos!' Le daban en la cabeza con una vara, le escupían y se ponían de rodillas para homenajearlo" (Mc. 15,18-19)
Con los avanzados aparatos modernos, se puede percibir en la figura del Santo Sudario "hinchazones en diferentes partes del rostro y un enorme escupitajo que desciende de la punta interna del ojo derecho hasta la parte inferior de la nariz (9)". Esta "está deformada por una ruptura del cartílago dorsal, bien cerca de su inserción en el hueso nasal, que quedó intacto (10)". También "en las regiones que circundan los ojos y las sobrecejas, hay llagas y contusiones iguales a las que producirían golpes o bastonazos. La sobreceja derecha está claramente inflamada(11)". "Sobre el rostro se encuentran excoriaciones por todas partes, pero sobretodo del lado derecho, que está también deformado como si sobre los desgarres sangrientos hubiesen también hematomas. Las dos arcos superciliares presentan aquellas llagas contusas, que tan bien conocemos, y que se forman de adentro para afuera, por la acción de un golpe o palazo; los huesos del arco cortan la piel por el lado interno(12)". "La faz derecha está notablemente hinchada...Es una hinchazón que se extiende y aumenta en el surco entre la nariz, la faz y los labios(13)". "Por tanto, tenemos delante de nosotros un rostro que fue profundamente maltratado con golpes de bastón, puñetes, manazos, bofetadas, esputos, jalones en la barba(14)". En suma, concluye el profesor Giovanni Tamburelli, analizando la fotografía tridimensional del Sudario: "El rostro se muestra cubierto de una angustiante máscara de sangre, a la vista de la cual parece increíblemente cruel el sufrimiento del Hombre del Sudario. Es algo perturbador(15)".
La Flagelación
"Pilatos mandó entonces flagelar a Jesús" (Jn. 19,1)
"El Sudario nos da un cuadro mucho más completo, preciso y horrendo de la flagelación: más de 120 golpes triples, infligidos por dos hombres fuertes, uno más alto que el otro, peritos en su oficio; uno a cada lado del reo, le cubren metódicamente con sus golpes toda la superficie del cuerpo... con excepción de la parte del pecho sobre el corazón, sin ahorrar ningún espacio(16)". A lo largo de todo el cuerpo, especialmente en las espaldas, se pueden ver marcas idénticas a las que dejaría el instrumento que los romanos utilizaban comúnmente para flagelar a un reo (el flagellum taxillatum, compuesto de tres ramales terminados en pequeñas bolas de metal). Este objeto no era utilizado en la Edad Media, y sólo se conoce en nuestros días después de haber sido encontrado en excavaciones arqueológicas. Cada golpe arrancaba la piel provocando pequeños derramamientos de sangre(17). Estudiando la dirección de estos derramamientos y la dirección de los golpes, fue posible deducir la posición encorvada en que Jesús se encontraba atado a una columna baja para la flagelación. El Prof. Pier Luigi Bollone pudo contar más de 600 contusiones y heridas en todo el cuerpo del Hombre del Sudario y 120 marcas de azotes(18). "Las millones de microscópicas hemorragias intradérmicas, propias de la hematidrosis o sudor de sangre, surgen en toda la piel del cuerpo, que queda así 'toda golpeada, dolorida y bastante sensible a los golpes'. Por tanto, no es de extrañar que aquellos brutales azotes hayan abierto y arrancado la piel con efusión de sangre a cada golpe. "Las llagas de la flagelación tienen un realismo, una abundancia, una tal conformidad con los datos arqueológicos, que hacen un notable contraste con las pobres imaginaciones de los pintores de todos los tiempos(19)".
La coronación de espinas
"Los soldados, tejiendo una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza, le vistieron un manto de púrpura" (Jn. 19,2)
En el Sudario "la cabeza muestra más de 50 heridas pequeñas y profundas que evidencian la aplicación de una corona de espinas. Las manchas mayores coinciden exactamente con los lugares donde estarían las venas y arterias reales, cuando en la Edad Media se desconocía la circulación de la sangre(20)". Y de eso "el Santo Sudario no deja margen de duda. Hace suponer claramente una corona en forma de casco que cubría toda la cabeza del hombre, de la frente hasta la nuca(21)". "En esta región de la cabeza, llena de terminaciones nerviosas y de gran cantidad de vasos sanguíneos, el dolor producida por la corona, apoyada en la cruz, y por lo tanto clavándose a cada movimiento, con seguridad era insoportable(22)". Nótese en el Sudario, en el lado derecho de la frente del reo, un grueso flujo de sangre bastante espeso en forma de número "3". "Se sabe que en esta región, en muchas personas, existe una vena bastante gruesa y que, en los grandes esfuerzos, se torna bastante dilatada. Una de las espinas habrían perforado esta vena -y estudios geométricos y anatómicos confirman este aserción- causando un sangrado constante, mismo después de retirar el objeto que produjo la herida(23)". "Las hemorragias de la corona de espinas y los coágulos por ellas formadas son de una veracidad inimaginable(24)", imposible de ser concebidas por cualquier artista que no sea divino.
El Vía Crucis
"Tomaron, pues, a Jesús, que, llevando su cruz, salió al sitio llamado Calvario, que en hebreo se dice Gólgota" (Jn. 19,17)
El reo "llevaba apenas el patíbulo (el madero horizontal) en las espaldas, con ambos brazos amarrados a éste. Es lo que nos cuenta la arqueología. El stipes, o poste vertical de la cruz, era plantado anticipadamente en el lugar del suplicio(25)". "Verificando la imagen del Sudario, vamos a encontrar dos marcas más profundas en la región dorsal, con forma oval y transversal. Los estudios hechos demostraron que aquellas marcas corresponden a una lesión de la piel, provocada por alguna cosa bastante pesada que fuera transportada apoyándose en aquella región. Y que este peso se deslizaba de un lado para otro, produciendo algunas excoriaciones(26)". Es "principalmente en la imagen dorsal que encontramos los vestigios del transporte de la cruz. Hay allí, sobre el omóplato derecho, en la parte externa de la región subescapular, una larga zona de excoriación, oblicua para abajo y para adentro, con la forma de un rectángulo de 10 por 9 cm. (Se ve, además, que esta zona se prolonga por delante, sobre la región clavicular externa, por largas placas de excoriaciones). La región posterior parece formada por una acumulación de excoriaciones, sobrepuestas a numerosas llagas de la flagelación que están aplastadas y alargadas en relación a las de al lado. Parece que un cuerpo pesado, rugoso, mal fijado, comprimió este omóplato, y que aplastó, reabrió y alargó a través de la túnica, las llagas precedentes de la flagelación(27)".
Las tres caídas
"Jesús cae por primera vez... Jesús cae por segunda vez... Jesús cae por tercera vez" (Vía Sacra, III, VII y IX estación)
Los Evangelios no hablan al respecto de las tres caídas que Nuestro Señor sufrió en el camino del Calvario, pero lo cuenta la Tradición. Por eso están integradas a la Vía Sacra. Estas caídas, "el Sudario las constata claramente. El Hombre del Sudario presenta las rodillas heridas por violentas caídas sobre terreno pedregoso, estando la rodilla izquierda sucio de tierra mezclada con sangre. Las excoriaciones de la nariz también están sucias de tierra, señal de que el rostro de Jesús se golpeó violentamente contra el suelo.... Imposibilitado de amortiguar la caída con las manos, amarradas al patíbulo que llevaba a cuestas, la cabeza de Jesús tendría que, fatalmente, golpearse con fuerza contra el suelo pedregoso; el patíbulo se deslizaría en dirección a la cabeza, golpeando fuertemente la nuca, cubierta con las espinas. Es fácil comprender por qué la nuca aparece tan horriblemente magullada en la imagen del Sudario(28)".
La Crucifixión
"Allí lo crucificaron, y con Él a otros dos, uno a cada lado y Jesús en medio" (Jn. 19,18)
Primero lo despojaron de sus vestiduras. Eso debe haber provocado un dolor terrible, pues el tejido de la túnica se pegó a las heridas del cuerpo divino. En casos similares, para retirar un tejido pegado a un cuerpo muy llagado, es necesario aplicar anestesia general. "Pero ¿Cómo aquel dolor pungente y atroz no le provocó un síncope? Es porque, de principio a fin, Él [Jesús] domina toda su pasión y la dirige(29)". Después lo extendieron en el suelo, jalando sus brazos para clavarlos en el patíbulo de la cruz. ¿Dónde fueron fijados los clavos? No en la palma de la mano, según la iconografía común -estudios de especialistas demuestran que esa región no tiene la estructura suficiente para soportar el peso de un cuerpo adulto- si no, entre el puño y la mano, en la región llamada en anatomía como "espacio de Destot". "En este espacio, un clavo penetra con mayor facilidad, sin romper ningún hueso, y queda firmemente seguro. ... Examinando el Sudario, vemos que el gran coágulo de sangre correspondiente a la herida del brazo está situado exactamente en esa región(30)". Al penetrar allí, entre la palma de la mano y el puño, el clavo provocó "un dolor inenarrable, fulgurante, que se expandió por sus dedos, subió como una lengua de fuego hasta el omóplato y estalló en el cerebro. Bien sabemos que el dolor más insoportable que un hombre pueda experimentar es el de la herida de uno de los grandes troncos nerviosos. Jesús experimentará esto aún durante tres horas(31)". Después, el sentenciado tenía que levantarse, clavado al patíbulo de la cruz. El verdugo y un ayudante erguían el patíbulo, para encajarlo en el stipes o poste vertical de la cruz. Esto era hecho con indescriptibles dolores para el crucificado. Estando Jesús suspendido en el aire, solamente por los clavos de las manos, los verdugos pasaron a fijar sus pies al madero de la cruz. Traspasaron el pie izquierdo, haciendo que la punta del clavo saliese por la planta del pie; lo colocaron después sobre el empeine del pié derecho, haciendo que el clavo también lo traspasase, fijándolos así, uno sobre otro, en el madero de la cruz. "La suspensión por las manos provoca en los crucificados un conjunto de calambres, de contracciones, que se van generalizando hasta lo que llamamos de `tetania'. Alcanzan ellas, por fin, los músculos inspiradores, impidiendo la respiración; los condenados, no pudiendo más expandir los pulmones, mueren por asfixia(32)". Para apresurar la muerte de los condenados, les quebraban las rodillas, impidiendo así el erguimiento que les permitiría respirar.
La muerte
"Jesús dio entonces un gran grito y dijo: 'Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu'. Y diciendo esto, expiró" (Lc 23, 46)
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La fotografía resalta las manchas de sangre. Los detalles en rojo presentan los mismos colores del espectro de la llaga del lado derecho. | "Observando las marcas del Sudario vemos que, en la imagen frontal, el tórax aparece con su musculatura contraída en un espasmo, el diafragma elevado, visible por el hundimiento del abdomen. Son imágenes típicas de una tetania causada por la asfixia y ansia respiratoria"(33). "Jamás podría creer, ni siquiera imaginar, que la crucifixión fuese tan atroz y cruel como nos permite entender el Santo Sudario, con su mudo, pero elocuentísimo lenguaje...La crucifixión excede en crueldad todo lo que podemos imaginar(34)".
La lanzada de Longinus
"Uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, e inmediatamente salió sangre y agua" (Jn. 19,34)
En el Santo Sudario "la herida de la cual escurre esta sangre, es claramente visible y fue producida por un instrumento punzo-cortante, con dos aletas o rebordes en sus extremidades: de allí su forma elíptica". "La herida del costado derecho del condenado tiene una forma elíptica de un diámetro de 4.4 cm por 1.4 cm, diámetro de una lanza romana. Según los especialistas de historia romana, el hecho de estar en el lado derecho se explica por el hecho de que los romanos acostumbraban dar ese golpe contra un enemigo que protegía su corazón con el escudo(35)". "En la parte superior de la imagen sanguínea se distingue nítidamente, tanto en el original [del Sudario] cuanto en las fotografías, una mancha oval con el eje mayor un tanto oblicuo de dentro para fuera y de abajo para arriba que da, nítidamente, la impresión de la herida del costado de donde salió esta sangre... Notemos de paso que la reliquia del fierro de la lanza que se encuentra en el Vaticano tiene 45 mm en su parte más ancha. Las heridas son siempre más estrechas que los agentes perforantes, por causa de la elasticidad de la piel(36)".
La sepultura
"Tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en paños con aromas, como los judíos acostumbraban sepultar" (Juan 19,40)
San Juan narra en su Evangelio que, después que Nuestro Señor expiró entre los dos ladrones, "José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, aunque en secreto por miedo de los judíos, rogó a Pilatos autorización para retirar el cuerpo de Jesús. Pilatos permitió (Id.ib., 38)". Cuando los discípulos descendieron de la cruz el cuerpo de Jesús, quedaron maravillados con su apariencia de paz y resignación completa. Esto porque, para Él, "todo estaba consumado", es decir, su misión estaba cumplida, la finalidad para la cual Él vino a la Tierra se había realizado completamente. Nuestra Redención había sido hecha con todos los sufrimientos de cuerpo y de alma que ella comportaba. "Realmente es inexplicable que un Hombre tan maltratado físicamente, como aparece delante de nuestros ojos el Hombre del Sudario, no presente en el rostro señales de fruncimiento, de odio, de ira impotente, de agotamiento, de perversión moral... Apenas un súper- hombre, un hombre no apenas inocente, sino el propio Hijo de Dios, de tanta grandeza moral, de tanto dominio de sí, de un corazón tan grande que ama, disculpa y perdona a sus propios verdugos y enemigos viscerales, en cuanto ellos se estaban ensañando de su sangre... apenas Jesucristo podía presentar, ya muerto, un rostro con tanta paz, tanta majestad, tan resignada aceptación de la muerte, tan serena belleza ... como aparece en el Sudario(37)". "En ese rostro, nítidamente semita, se encuentra, a pesar de las torturas y de las heridas, una tan serena majestad, que de él resalta una impresión inefable. Para comprenderlo un poco, es necesario recordar que si en ese cuerpo la Humanidad acaba de morir, la Divinidad continúa siempre presente; con la certeza de la resurrección, a propósito, bien próxima(38)". El Apóstol virgen resalta que los discípulos envolvieron el cuerpo de Jesús "en paños y con aromas, como los judíos acostumbraban a sepultar". ¿Cómo era esa costumbre en la época de Nuestro Señor? En primer lugar, es preciso resaltar que aquellos que sufrían el suplicio de la crucifixión (los grandes criminales) no eran sepultados, sino que eran lanzados a una fosa común. Cuando los judíos "rogaron a Pilatos que les quebrasen las piernas y fuesen retirados" de las cruces, pretendían ellos que Jesús tuviese el mismo tratamiento que los dos malhechores, esto es, que le partiesen las piernas y después lo arrojasen en la fosa común, para que su memoria desapareciese para siempre.
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La ilustración reproduce la pintura de Giovanni Battista della Rovere, del Siglo XVI: El artista imaginó en su cuadro la manera de como el Sudario habría sido doblado. | Pero las humillaciones y sufrimientos a los que se sometiera el Hombre-Dios para la salvación de la humanidad pecadora, habían alcanzado su auge y se habían consumado en el sacrificio de la Cruz. Se aproximaba la hora de su glorificación. Por eso José de Arimatea, influyente judío, obtuvo de Poncio Pilatos el permiso de retirar a Jesús de la cruz y darle digna sepultura. Para eso adquirió un sepulcro aún nuevo, sin uso, próximo del Calvario, que iría a ser testigo de la resurrección de Cristo. En general las sepulturas judías eran cavadas en la roca, constando de dos compartimientos: uno menor, la entrada, y uno subsecuente donde quedaba la sepultura propiamente dicha. Una piedra como la de molino, era rodada por dos hombres, sellando la sepultura. Retirado el divino cuerpo del Salvador de la cruz -por José de Arimatea, Nicodemo y talvez San Juan y algún otro discípulo - fue depositado sobre el largo lienzo que le serviría de mortaja. San Marcos, en su evangelio (15, 46), esclarece que José de Arimatea, después de obtener la licencia para sepultar a Jesús, compró un paño de lino para envolverlo. Ese lienzo, según la costumbre, era largo y debería ser doblado en la altura de la cabeza sobre el cadáver a ser sepultado. Algunas cintas de tejido servirían para prender el lienzo a lo largo del cuerpo. No tuvieron tiempo para lavar el cuerpo ni para afeitar el rostro, como era costumbre, pues ya era tarde y, con la puesta del sol comenzaría el sábado, día en que no se podía trabajar; este ritual además, no se observaba con los sentenciados. Los discípulos pusieron algunas hierbas aromáticas junto al cuerpo aún ensangrentado de Jesús y lo depositaron en el sepulcro. Parecía todo terminado, pero era el momento en que todo comenzaba...
La Resurrección
"En el primer día de la semana, muy temprano, [las santas mujeres] se dirigieron al sepulcro con los aromas que habían preparado. Hallaron la piedra removida, distante de la abertura del sepulcro. Entraron, mas no encontraron el cuerpo del Señor Jesús. No sabían que pensar, cuando aparecieron frente de ellas dos personajes con vestiduras resplandecientes. Como estaban atemorizadas, voltearon el rostro para el suelo, y ellos les dijeron: '¿Por qué buscáis entre los muertos Aquél que está vivo? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 1-6)
De acuerdo con Julio Marvizón Preney, "la mayor sorpresa [de los científicos] fue al examinar la parte dorsal de la imagen [del Sudario], en que los músculos dorsales y deltoides aparecían abultados, y no planos como deberían estar en un cuerpo muerto que se apoya sobre una piedra de sepulcro". Y continúa: "En la palabra de los científicos: 'parecería que el cadáver se vaporizara, emitiendo una extraña radiación que habría sido la responsable por la formación de las señales del Santo Sudario. ... Es muy probable que, en el momento que se produjo la radiación, el cuerpo estuviese ligero, en levitación, y por eso los músculos no quedaron aplanados". Pregunta Preney: "Para aquellos que son creyentes, ¿esto no es la resurrección?... En este caso, el Sudario es una casi fotografía de Cristo en el momento de retornar a la vida, producida por una radiación o incandescencia de efectos parcialmente análogos a aquellos producidos por el calor(39)". Los dos científicos americanos del STURP (Proyecto de Investigación del Sudario de Turín), Kenneth E. Stevenson y Gary R. Habermas agregan: El Dr. Arnaud-Aaron Upinsky confirma: [Los científicos] "reconocen también inequívocamente una de las mayores maravillas del Sudario: el cadáver, despegándose de él, lo dejó intacto
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Veneración pública del Sudario, por ocación de su última exposición, en el 2000. | , sin la mínima alteración de sus fibras, sin arrancarlas ni modificar los trazos de sangre entre el cuerpo y el tejido. Lo que es imposible de suceder con un cuerp o común , sujeto a las leyes comunes de la naturaleza. Un cadáver cubierto de heridas no podría jamás ser retirado del paño que lo contenga sin alterar el paño y las señales en él dejados por la sangre y por las heridas. ¿Cómo entonces fue despegado de allí dejando intactas y nítidas hasta las mínimas fibras del tejido que estaba pegado a las heridas? Este hecho decisivo no es contestado por ninguna ciencia. Y él sólo se explica por la Resurrección; esto es, por la 'desmaterialización' del cuerpo herido, que se retira de aquel revestimiento no más sujeto a las leyes impuestas por la naturaleza(40)". "La otra línea de evidencia sobre la resurrección viene de los estudios científicos a propósito del Sudario de Turín... El hecho de que no haya habido descomposición del cuerpo (indicio de la salida del cuerpo de dentro del Sudario), de que las manchas de sangre revelen que el cuerpo no fue desenvuelto, de que los cuerpos muertos por vías naturales no provocan tales quemaduras, y de que el Sudario de Jesús corresponde muy estrechamente a la historia y a los Evangelios, representan, todas ellas, señales bien sólidas de que el Sudario da testimonio de la resurrección de Jesús(41)".
Conclusión
Delate de todo cuanto hemos visto, se comprende este penetrante comentario del Profesor Plinio Correa de Oliveira: "El Santo Sudario es un milagro permanente. Nuestro Señor hizo un acto de misericordia soberbio, especialmente para nuestro tiempo, al permitir que la fotografía revelase su rostro divino. Es de una tal maravilla, una tal prueba de la existencia de Nuestro Señor Jesucristo, una tal prueba de que Él resucitó, una tal prueba de aquello que creemos, que se podría y se debería quedar verdaderamente encantado si en todos los ambientes religiosos se hablase del Santo Sudario. "[Allí] están reflejadas la majestad y la dignidad del Hombre-Dios que se manifiesta en el dolor y la humillación, con la mansedumbre del cordero, pero con la altanería de un león. Yo recomendaría a todos a que procuraran una bella reproducción del Santo Sudario y tenerlo entre sus objetos de piedad, para contemplarlo, admirarlo, meditarlo, porque es como una fotografía de Nuestro Señor Jesucristo. Y esa fotografía nos recuerda ciertos episodios que están en el Evangelio y que dan una idea de la grandeza de Nuestro Redentor(42)". Notas: 1.San Alfonso Maria de Ligorio, Reflexiones sobre la Pasión, Obras Ascéticas, B.A.C., Madrid, 1970, Vol. I, pp. 201-202. 2.Dr. John H. Heller, miembro de la "STURP" (Proyecto de Investigación del Sudario de Turín), en "El Sudario de Turín", Editora José Olympio, RJ, 2a. edición, 1986, p. 215. 3.Dr. Pierre Barbet, A paixão de Cristo segundo o cirurgião, Edições Loyola, SP, 9a. edição, 2000, p.193. 4.Idem, p. 195. 5.Apud Pe. Manuel Solé, SJ, O Sudário do Senhor, Edições Loyola, SP, 1993, p. 266. 6.Idem, p. 267. 7.Actas II Congr., p. 180, in Solé, id. ib. 8.Dr. Pierre Barbet, op. cit., p. 97; Solé, 267. 9.Pe. Manuel Solé, op. cit. 10.Dr. Pierre Barbet, op. cit., p.193. 11.ACI Digital, El Santo Sudário de Turim, Internet, p. 6. 12.Dr. Pierre Barbet, op. cit., p. 97. 13.Dr. Rudolf W. Hynek, Lo que revela el Santo Sudario, p. 23. Apud Pe. Manuel Solé, p. 169. 14.Pe. Manuel Solé, op. cit., p. 169. 15.Idem, ib. 16.Idem, p. 268. 17.Cfr. ACI, id., ib. 18.Pe. Manuel Solé, op. cit., ib.; ACI, p. 6. 19.Dr. Pierre Barbet, op. cit., p. 188. 20.ACI, id. ib. 21.Pe. Manuel Solé, op. cit., p. 270. 22.Julio Marvisón Preney, O Santo Sudário: Milagrosa Falsificação?, Editora Mercuryo, SP, 1998, p. 40. 23.Evaldo Alves d'Assumpção, Sudário de Turim - O Evangelho para o Século XX, Edições Loyola, SP, 3a. edição, 1992, p. 55. 24.Dr. Pierre Barbet, op.cit., p. 188. 25.Pe. Manuel Solé, op. cit., p. 272. 26.E. A. Assumpção, op. cit., p. 57. 27.Dr. Pierre Barbet, op. cit., p. 103. 28.Pe Manuel Solé, op. cit., p. 274. 29.Dr. Pierre Barbet, op. cit., p. 203. 30.E. A. Assumpção, op. cit., p. 59. 31.Dr. Pierre Barbet, op. cit., p. 203. 32.Idem, p. 113. 33.E. A. Assumpção, op. cit., p. 61. 34.Dr. Rudolf Hynek, op. cit., p. 51, apud Pe Manuel Solé, p. 211. 35.ACI digital, p. 7. 36.Dr. Pierre Barbet, op. cit., p. 140. 37.Pe Manuel Solé, op. cit., p. 254. 38.Dr. Pierre Barbet, op. cit., p. 32. 39.Julio M. Preney, op. cit., pp. 90-92. 40.Entrevista concedida a Catolicismo, São Paulo, junho de 1998, p. 36. 41.Kenneth E. Stevenson e Gary R. Habermas, A verdade sobre o Sudário, Edições Paulinas, SP, 3a. edição, 1986, p. 206. 42.Conferencia pronunciada para socios y cooperadores de la TFP en 28-4-84; Archivo de la TFP, texto sin revisión del autor.
Traducido de la revista de cultura católica brasilera "Catolicismo", Nº 615,Marzo2002.
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